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Ianire Doistua en Temporales, de Nueva York
Ianire Doistua, publicada por Temporales en Nueva York Crónica de viaje
Por La Rompedora Publicado en Crónica de viaje en 18 febrero, 2020 Un comentario 5 min lectura
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Ianire Doistua, seleccionada por la revista Temporales, de la Universidad de Nueva York

 

La Universidad de Nueva York cuenta con la Maestría en Escritura Creativa en Español (MFA), un programa diseñado para enseñar a sus estudiantes las diversas técnicas literarias en los campos de la narrativa, la poesía y el ensayo. Las clases se imparten en español y congregan a escritores de España, Portugal y toda América Latina.

Con el mismo afán de reunir y publicar a las nuevas voces de las letras hispánicas, el MFA de Escritura Creativa en Español edita la revista Temporales, en la que se dan a conocer las obras de los alumnos del programa y se hace una convocatoria internacional a los autores del mundo hispanohablante.

Recientemente, La Rompedora ha contactado a Salomé Benalcázar y Juan Ignacio Chávez, los editores generales de Temporales que, distinguiéndose por el profesionalismo en su labor y un don de gentes capaz de rebasar fronteras, han abierto un canal de colaboración mutua entre las dos revistas. En su última convocatoria internacional, la revista de la NYU ha seleccionado Hormigas de ciudad, un relato de nuestra compañera Ianire Doistua (VI Promoción).

Hoy, La Rompedora dedica sus saludos a Salomé, Juan Ignacio y Temporales, nuestros amigos en Nueva York, y hace eco de la publicación digital del relato de nuestra estimada Ianire, que también ronda las calles de Nueva York en versión impresa.

Doce días caminando y ella sigue tan guapa como siempre, con esa melena tan larga, lisa y rubia, incluso sus pocas canas parecen meros reflejos. Ojalá hubiera heredado su pelo y no la maraña de anodino marrón de mi padre, que también es muy atractivo, pero nada que ver con mamá. Ella sabe que ninguno de los doscientos urbanos que somos más o menos en esta caravana andante brilla tanto. Por eso lleva el revólver —o pistola, nunca he sabido la diferencia—. Asegura que también lo lleva por mí, pues catorce años son catorce años. Por fea que sea, añadiría yo. Ella insiste en que no lo soy, pero solo hay que ver a quién persiguen los ojos allá adonde vamos y quién es más invisible que un tuit político en la noche final de Missmodel XS. De todas maneras, lo diga por la razón que lo diga, yo me siento más tranquila sabiendo que tiene el revólver —o pistola—, sobre todo por las noches, cuando todas las familias dormimos juntas fuera del camino, separadas únicamente por las aeromaletas. Aunque, sin asfalto sobre el que elevarse, son como maletas cualesquiera de seis ruedas, de esas cutres que hay que arrastrar.
A pesar de que vayamos juntos, nadie habla de su destino. Yo solo sé que vamos al norte, al igual que el padre de Laure: otra niña de mi edad con la que no he conseguido hablar más de cuatro palabras seguidas. Supongo que es normal, yo tampoco hablaría con nadie si tuviese mi móvil conmigo, maldito tractor, estoy segura de que el conductor vio cómo se me caía y, aun así, aceleró. Ahora dependo de los pocos ratos que mi padre me presta el suyo, también autorrecargable como lo era el mío, maldito tractor, y solo lo suelta para abrazar a mamá por las noches. El resto del tiempo no para de comprar y vender acciones como si sirviera de algo. Él afirma que sí, pero sospecho que poco o nada va a poder comprar a los agros con ese dinero que no ven. No se da cuenta de lo brutos que son: dicen que algunos ni siquiera están registrados en las redes sociales. Mi padre es tan ingenuo que todavía me asegura que lo del tractor fue un accidente. Mi madre no es tan confiada, por eso lleva la pistola —creo me gusta más decir revólver— y me dio un spray de autodefensa. El padre de Laure es diferente. No hablo de su madre porque no tiene o, por lo menos, no ha venido con ellos, pero, vamos, que me da igual: si ella no quiere que seamos amigas, yo menos. El padre de Laure es, a ver si me explico, más terrenal, quiero decir que es de esos padres que saben qué bayas son comestibles y cose heridas quemando una aguja; incluso un día cazó un conejo con una especie de lanza que él mismo había afilado —un verdadero asco que me negué a probar—. No sé, él es diferente. De hecho, es el único hombre que no lleva traje con corbata, algo que no impide que por las noches todos le pidamos, por favor, que nos deje sentarnos junto a su fuego, pues solo él sabe hacerlo como es debido.
Pero esta noche es distinta. Esta noche no hay hoguera.

© 2020 Revista Temporales

Leer el relato completo de Ianire en Temporales


Ianire Doistua es alumna de la VI Promoción del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. Nació en Bilbao, España y, actualmente, compagina su trabajo como redactora en una agencia de publicidad con la escritura.

En 2007 fue ganadora de Film Cannes Young Creatives de España y en 2014 su proyecto The snot ganó el concurso Your app here! por el Círculo Creativo London.

Ha publicado relatos en las antologías Tic tac Tic tac (Escuela de Escritores, 2014) y Cielo propio (Escuela de Escritores, 2015). Su primera novela Ausentes está aún por publicar y ahora se dedica a escribir un nuevo libro de relatos.


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