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Hadas desenmascaradas
Un ensayo sobre "Conejos blancos", de Leonora Carrington. Ensayo
Por Flor Guerin Publicado en Ensayos en 4 marzo, 2019 0 Comentarios 5 min lectura
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Hadas desenmascaradas

 

Pintora surrealista, escritora, mujer de gran espíritu y fuerza, Leonora Carrington (Lanchashire, Inglaterra, 1917- Ciudad de México, 2011) es sin duda una de las creadoras más fascinantes e inspiradoras de su época. Criada en el seno de una familia de la alta sociedad inglesa, Leonora cultivó desde pequeña una visión particular sobre el mundo que transgredió todos los cánones bajo los cuales una señorita de su condición debía conducirse en sociedad. Con una perspectiva preclara y una vitalidad artística igualmente portentosas, Florence Guerin (VIII Promoción), analiza el relato “Conejos blancos” de esta autora inglesa nacionalizada mexicana.

«Conejos blancos», de la escritora y pintora Leonora Carrington, es un cuento de hadas que se quitó la máscara. El conflicto aparente versa sobre la curiosidad malsana, la atracción por lo sórdido y lo oscuro. Sin embargo, debajo de esta primera capa de sentido, podemos encontrar el verdadero nudo, lo que realmente está en juego: La muerte o la locura —la aniquilación del Yo— no están fuera, están dentro de nosotros. Las tenemos enfrente de casa y pretendemos no verlas.

«Conejos blancos» es una pesadilla en formato de espejo diabólico donde la protagonista se ve reflejada en la belleza nauseabunda de su vecina de enfrente. Ambas tienen el pelo largo y negro que les sirve, ahora de cortina para espiar al balcón de enfrente, ahora de trapo para limpiar una bandeja de restos de carne y huesos.

Leonora Carington juega a dos bandas en todo momento y la ambivalencia de su mundo simbólico, onírico y cromático nos transporta hacia una lectura de ensoñación. En este mundo absurdo, las puertas se derriban —se derrumban—  y  uno se queda con el tirador del timbre  en la mano.  El lector, junto con la protagonista, se adentra en un universo sobre el cual no tiene el menor control. Sin embargo, en este espacio repleto de desafíos para la razón, nada esta dejado al azar. Leonora Carrington borda la creación de un universo simbólico donde ecos bíblicos responden a la evocación de una locura mórbida, encarnada por los conejos carnívoros. En este viaje iniciático, el conejo de Alicia se vuelve carroñero y, detrás del espejo, solo encuentra la locura siniestra de una pareja de ancianos.

Leonora Carrington vivió en carne propia la sordidez de los manicomios. Su cuento refleja su propia percepción de este descenso al infierno de la «locura de enfrente». Logró huir del sanatorio de Santander pero lleva consigo hasta Nueva York las brumas de su estancia allí. Los edificios que le rodean evocan a los que siguen recluidos en el psiquiátrico, seres abandonados, marginados como pestíferos y consumidos por las llamas de la demencia:

 «El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York.»

Leonora consiguió cruzar la calle de vuelta. Trae de equipaje visiones portentosas que plasma en sus cuadros y en su prosa. Tambaleando de país en país, desarraigada y políglota, nunca dejó, sin embargo, de definirse como británica. Y en su trabajo se expresa el peculiar talento que mostró esta cultura para transmitir el terror a través de lo sórdido y lo siniestro. Su mensaje queda claro: Al fin y al cabo todos seremos esto algún día: Carne podrida.

* El conejo de la foto existe… por si la vida os lleva a Madagascar. «El Conejo de Lemuria, es un roedor carnívoro que sólo se encuentra en la isla de Madagascar. Su tamaño es como el de un perro mediano, pero de gran fuerza. Es el más grande roedor carnívoro que existe, se caracteriza por su piel de pelo pardo o gris, su desagradable olor ligado al estrés, su grito altamente fuerte y molesto, así como por sus hábitos al alimentarse y la dificultad que tiene con las hembras para aparearse. Caza animales lentos, incluidos insectos y serpientes, pero se alimenta sobre todo de animales muertos, como pájaros, lémures y ovejas. Puede romper huesos con su dentadura y comerse un cadáver completo, incluidos el pelo y las plumas.

Nota de la autora: En realidad, la existencia del conejo de Lemuria es una noticia irreal, propalada por algunas páginas de internet, como la citada en líneas que anteceden. Pueden visitar Madagascar y sus visitantes aún están a salvo de toparse con él.


Florence Guerin es alumna de la VIII Promoción del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. Nace en París en el 1971 y se muda a Barcelona en 1993, a Granada en 2008  y a Madrid en el 2016. Procede y vive del mundo circense para luego dedicarse a la producción teatral. Escribe papeles para actores y actrices, proyectos culturales para ciudades y pueblos, pequeños guiones de teatro callejero, viaja mucho. En septiembre de 2017 es finalista del premio de literatura erótica Válgame Dios con el relato “Nosotr@s”, cuya antología publica la editorial Edhasa. En la actualidad es parte de la Orquesta en Tránsito, espacio de creación e investigación pluridisciplinar dirigido por Chefa Alonso. También escribe las letras del nuevo álbum de Ersilia Prosperi y colabora con otros músicos como Guillem Ferrer o  Alfonso Villalonga.


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