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Lenguaje, conocimiento y realidad en Satin Island
Un ensayo sobre Satin Island, de Tom McCarthy. Ensayo
Por Ana Hontanilla Publicado en Ensayos en 17 septiembre, 2018 0 Comentarios 10 min lectura
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Lenguaje, conocimiento y realidad en Satin Island

 

Novelista, ensayista, artista multidisciplinar, fascinado por Joyce y las vanguardias, amante lo mismo de Melville que de Warhol, Tom McCarthy (Londres, 1969) es uno de los escritores más peculiares de la última literatura británica. Ana Hontanilla profundiza en el universo de su última novela publicada en español, Satin Island (Pálido Fuego, 2016).

El narrador protagonista de Satin Island se llama U (en inglés You). Es un antropólogo estadounidense que, durante los años noventa, migra de la universidad al sector privado. La corporación que le emplea se llama «La Compañía» y tiene una presencia global. Su jefe, un genio de estrategias de mercado llamado Peyman (en inglés pay significa pagar y man hombre; luego, el nombre Peyman apunta a la idea de «hombre que paga»), acaba de recibir una cuenta importante, el «Proyecto Koob-Sassen», y le asigna a U una parte de ese proyecto. Esta parte consiste en escribir el «Gran Informe» (the Great Report) o el libro que explique absolutamente todo sobre la gran tribu que es la propia corporación. Peyman dice que el informe «saldrá de la jungla… quiero que venga de la Compañía» (página 62, Ed. Pálido Fuego, 2016).

Este proyecto es idea de Peyman y con él aspira a formular una teoría de la cultura y, con base en esta teoría, tejer nuevas narrativas o ficciones de lo humano que giren en torno a marcas comerciales. La cultura que emergería del proyecto de Peyman naturalizaría las marcas comerciales o la presencia de la corporación como parte del devenir cotidiano de las personas. Antropología y mercado se aúnan con el fin maquiavélico de manipular la semiótica y así insertar la corporación no solo a nivel extensivo y global, sino en el espacio íntimo, personal y social. Este plan, éticamente cuestionable, es posible por la propia maleabilidad del lenguaje, como el propio Peyman explica en la primera parte de la novela.

Este ensayo explora la conexión entre las ideas de Peyman sobre el lenguaje y la estructura narrativa de Satin Island. Al principio de la novela Peyman desarrolla su teoría del lenguaje y el posible uso que de esta teoría se deriva: manipular y dirigir los hilos que entretejen la existencia humana. Satin Island sería el Gran Informe o el proyecto narrativo que, originado en la teoría del lenguaje de Peyman, nace del deseo de la corporación por controlar la cultura. A la vez, las narrativas del libro demostrarían la imposibilidad de lograrlo.

Examinemos la representación de Peyman y su teoría del lenguaje. U caracteriza a su jefe como a un tótem: símbolo elusivo de lo divino, en el centro, a la vez que al margen y por encima de la tribu que es la corporación. Los subordinados, asalariados e incluso el establecimiento político miran a Peyman como fundador y aglutinante del grupo. Desde la posición de observador que nunca es observado, Peyman difunde sus ideas sobre dos aspectos clave de la cultura de la corporación: la función del lenguaje y el papel del conocimiento. Peyman es el gran símbolo o centro generador de significados para la tribu corporativa.

U explica que el logo de la compañía es la Torre de Babel. Este logo hace referencia al deseo de hablar el lenguaje de los dioses; es decir, que el deseo que dirige la corporación es el de crear un lenguaje que controle la realidad. Peyman, sin embargo, sabe que este deseo es imposible, pero para él lo que importa no es tanto que ese esfuerzo tenga éxito sino aprovechar los restos que quedan en pie después del fracaso (página 47, idem). Tras el derrumbe de la Torre de Babel lo que queda en pie son las palabras y los signos y la conciencia de que nada significan. Estas ruinas (palabras, signos y conciencia de su inutilidad), dice Peyman, no sirven para nada, pero en su inutilidad tienen un gran valor simbólico. Desde este espacio (vacío) y desde esta posición (inútil), la imaginación comienza a trabajar y producir, liberando las cosas materiales, los conceptos, las situaciones, e incluso los sistemas (lingüísticos o semióticos) al ámbito que originariamente dio pie a su existencia: el espacio vacío de lo inútil. De ahí que otro concepto clave del panorama mental de Peyman sea entender que todo uso del lenguaje da pie a una ficción.

Para Peyman, la función de la compañía no es consultar, diseñar, planear sino crear y poner en marcha ficciones. Al igual que la ciudad y el estado, todo negocio es una entidad ficticia. Sociedad civil y actividad económica son productos de la imaginación, que con el tiempo comienzan a manifestar sus efectos, haciéndose sentir como reales. Los hechos, según se manifiestan, son consecuencia de una ficción y la ficción les mantiene con vida.

A esta manera de entender el lenguaje sigue una manera de entender el conocimiento: No como conocimiento de algo en particular (ese algo siempre está vacío y es inútil) sino como capacidad de activar la energía intelectual. El conocimiento es una especie de supra-conocimiento acerca de cómo funciona la capacidad de pensar, analizar críticamente, sintetizar, crear y definir lo que es conocimiento en un momento determinado. Para Peyman, Leibniz fue el último genio que ejerció este control absoluto sobre el conocimiento: este pensador universal era capaz de hacer saltar al unísono las artes y las ciencias durante su época. Hoy en día, dice Peyman, el conocimiento se han separado en disciplinas; cada una va por su lado, al margen una de la otra. Frente a este panorama fragmentado, surge la necesidad de un solo intelecto, de un aglutinante universal que junte de nuevo las ramas del saber y las haga saltar a todas al unísono: la corporación con su efecto globalizador de la cultura cumple esta función aglutinante, dice Peyman.

Curiosamente, al aplicar este gran unificador, Peyman observa que las unidades de significación migran de una parcela del conocimiento a otra, viajando y cambiando en un proceso sin fin. Dejándose llevar por estas fuerzas de la migración y la mutación de las unidades de conocimiento, Peyman propone que la respuesta está en empujar hasta el extremo la habilidad que cada práctica cultural tiene de superarse a sí misma; de romper sus propias fronteras, de sacrificar sus propios términos y principios a favor de esa ruptura. En explotar esta capacidad de la súper-sucesión o la tendencia a la substitución de lo antiguo por lo nuevo está el futuro del conocimiento. Explorar el espacio entre el territorio propio y el siguiente, el espacio en blanco, zonas de contacto donde la luz se curva dando patadas a topografías imposibles produce espejos, aspiraciones, espectros para combinar de maneras nuevas fantásticas y explosivas. Peyman dice que manipulando esta llave que abre la puerta de lo nuevo se crea el conocimiento.

Pasemos a analizar cómo la narrativa muestra que, en efecto, bajo el lenguaje y el conocimiento subyace un sinsentido radical. Precisamente por esto, Satin Island demuestra que el objetivo de la corporación es banal: el sinsentido de lo real es elusivo e imposible de definir y controlar.

U es el antropólogo que ha sido contratado por la corporación para producir el nuevo conocimiento de lo que significa ser humano en el contexto de una economía dominada por la propia corporación. U duda que tal proyecto sea viable y poco a poco le muestra al lector la imposibilidad de encontrar un sistema que explique y controle al ser humano. Por medio de lo que parece ser una libre asociación de ideas, U expone su mapa mental y la insuficiencia de su mirada. La galería de episodios narrativos se abren y cierran ante el lector como ventanas asociadas a enlaces de Internet. Algunas de las historias que aparecen son: los espacios de transición, como el aeropuerto; la tecnología y la conectividad; la formación académica de U como antropólogo y su labor en el marco corporativo; la sospechosa muerte de un paracaidista; los sorprendentes tratamientos al cáncer de tiroides de un colega; los derrames de petróleo en el mar; el secuestro de su pareja, Madison; las vacías protestas políticas de la gente en las sociedades capitalistas, y la entrevista con la primer ministro. ¿Cómo funcionan cada una de estas historias dentro de la narrativa? Cada asunto le lleva a U a reflexionar y especular; a querer entender y explicar la naturaleza humana en lo que observa. Su objeto es dar un significado a lo humano en las historias con que se enfrenta. Este esfuerzo concluye rechazando el esfuerzo explicativo porque, al profundizar sobre cómo las personas se enfrentan a la enfermedad, a la muerte, al abuso, al dolor y a la propia destrucción del planeta aparecen las fuerzas incomprensibles de lo irracional que escapan al lenguaje. La frivolidad con que U investiga y cuenta cada una de estas historias enfatiza la imposibilidad de darles sentido.

No es de extrañar que tras escribir Satin Island, el narrador diga que se niega a escribir el Gran Informe. Satin Island es el rechazo de su reflejo en negativo, el Gran Informe. Este rechazo se justifica en la imposibilidad de formular una teoría global de la cultura porque a los humanos les dirigen fuerzas irracionales. Esta novela es un caleidoscopio de historias que construyen la imagen de la sinrazón que informa la existencia humana. La fuerza impulsora del texto es, sin embargo, el deseo de socavar y separarse de Peyman y de un uso maquiavélico del lenguaje que aspira a colocar a la corporación como tótem generador de significados artificiales. A la novela le salva el compromiso ético de U orientado a potenciar la irracionalidad de lo humano y así socavar el proyecto de explotación comercial de la corporación.

 


Ana Hontanilla, alumna de la Novena Promoción del Máster, nació en Madrid y es licenciada en Derecho y profesora titular de literatura española en EE.UU.


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