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Marguerite Duras o la intertextualidad entre diques y amantes
Un ensayo sobre "Un dique contra el Pacífico" y "El Amante" de Marguerite Duras Ensayo
Por Alejandro Manrique Publicado en Ensayos en 26 noviembre, 2019 0 Comentarios 15 min lectura
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Marguerite Duras o la intertextualidad entre diques y amantes

 

Marguerite Germaine Marie Donnadieu no solo fue novelista, sino que también se dedicó al guión y a la dirección cinematográfica. Nació en Saigón en 1914 y pasó la mayor parte de su infancia con su madre, una experiencia que le marcaría en vida y obra. En 1932 regresó a Francia, donde estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. A partir de entonces, por su vida pasaría un matrimonio y la muerte de su primer hijo, un amante, su participación en la Resistencia francesa y su militancia y expulsión del partido comunista.

En 1950 se dio a conocer con su novela Un dique contra el Pacífico, de inspiración autobiográfica. En ella se muestra la infancia de una protagonista que lucha contra la soledad, mientras que con El amante (Premio Goncourt), publicada en 1984, retoma recuerdos de su adolescencia.

A caballo entre la destrucción, el amor y la alienación, hoy revisaremos estas dos historias a través de la mirada ensayística de Alejandro Manrique.

Marguerite Duras, escritora nacida en la Indochina colonialista francesa, cuenta con una vasta obra narrativa. Desde la autoficción, ha escrito sobre sus recuerdos de infancia, adolescencia y temprana juventud en lo que hoy sería Vietnam. Su obra literaria desarrolla una temática en común: la pobreza, la violencia, el amor y la locura como ejes principales. Algunos otros subyacentes son el colonialismo, la lucha contra la naturaleza, las relaciones personales trastocadas. Hablaremos de dos de sus novelas que reflejan lo anterior pero que, en particular, nos han llamado la atención: Un dique contra el Pacífico (1950) y El amante (1985). Ambas obras, consideramos, se convierten en historias paralelas e intertextuales desde un ejercicio de honestidad literaria que Duras utiliza para narrar sus verdaderas experiencias. Es decir, si bien en Un dique cuenta su experiencia desde la ficción, es con la novela El amante que Duras recoge los mismos temas para contarnos lo que realmente sucedió. Esta segunda novela, creemos, habría permitido a Duras liberarse de ataduras psicológicas y morales para compartir emociones verdaderas con el público. La autora, hacia el final de su vida, habría utilizado a la literatura como un catalizador de redención y como una forma de liberación.

En Un dique, Duras nos narra la historia de una familia disfuncional y empobrecida (mental, espiritual y materialmente) en las cercanías de la ciudad ficticia de Ram en la costa indochina. El padre ha fallecido y la madre trata de sacar a su familia adelante. Tiene un hijo de veinte años que es violento e impulsivo y que está dedicado a la mecánica, la caza y demás actividades manuales. La hija, de diecisiete, desarrolla una ambigua relación de amor-odio con su madre. Admira y desea a su hermano. Lucha contra la soledad y abriga la gran esperanza de ser rescatada. Así, se pasa el día en el puente cercano a casa y próximo a la carretera, observando los autos que transitan por allí. Sueña con que alguno se detenga y se la lleve. Es una continua espera. La madre, la verdad sea dicha, desea lo mismo: que alguien se lleve a su hija. Por el hijo se preocupa menos pues cree, o quiere hacerlo, que su inteligencia, fortaleza y sagacidad lo sacarán adelante. Es por la hija por quien teme y por ello se encuentra dispuesta a arrojarla a los brazos de algún hombre rico que quiera casarse con ella.

La madre sufre y desea su propia muerte. Tiene trastornos mentales traducidos en un estado maniaco-depresivo. Todo el tiempo toma malas decisiones. Vive endeudada con el banco. La concesión de tierra que tiene es inservible. No se puede cultivar en ella ya que el océano, una vez al año, inunda y arrasa las tierras cultivables. La madre decide construir diques para prevenir el ingreso del mar, pero la empresa es un desastre. Además su carácter explosivo e irascible la predispone negativamente con las autoridades coloniales, entre ellas la Oficina de Catastro. Así, por todo lo anterior, más los comportamientos erráticos de vida cotidiana, se entiende que Joseph, el hijo, reitere que la madre está loca.

Hasta que conocen a un francés rico que se interesa en Suzanne, la hija. Pero la madre y el hermano no lo toleran por ser un tipo poco agraciado, simplón, sin carácter, aunque al inicio se aprovechan materialmente de su presencia: comidas, regalos, hasta un diamante ofrecido a Suzanne, quien se ha mantenido virgen a pesar del amor profeso e insistente del francés. Con el diamante en la mano, la familia aleja al francés y tiene la intención de venderlo. Van a la gran ciudad durante días, pero comienzan los problemas y la desintegración familiar: la madre empieza a deprimirse y enfermarse, Suzanne experimenta una vida agradable lejos de casa y Joseph conoce a su futura amante. Los tres regresan a casa, aunque es el inicio del final: el diamante sigue en posesión de la familia y es más una carga que un alivio. Joseph se marcha con su amante luego de un mes y Suzanne se pasa el día en el puente mirando transitar a los coches. La madre enferma más y hace un último intento por arreglar un encuentro entre su hija y el muchacho Agosti, un vecino de familia solvente. Ellos inician una relación amorosa, pero la madre muere. Joseph regresa y él, junto a su hermana, la amante y el ataúd de la madre, se marchan en vehículo a la gran ciudad.

La lectura de dicha novela nos lleva a pensar cuánto hay de ficción, cuánto de verdad, creyendo que si la escritora vivió en Indochina tuvo que ser testigo de sucesos, al menos, similares. Pero es con la lectura de El amante en que el lector, si está predispuesto, puede ser capaz de entender la correlación de las tramas y cerrar círculos. El amante, novela de carácter autobiográfico, nos cuenta la historia de una adolescente en Saigón que, a sus quince años y medio, vestida por su madre como una niña-prostituta (sombrero de hombre, vestido grande, calzado dorado y los labios pintados de rojo carmesí), conoce a un acaudalado empresario chino en un trasbordador en el río Mekong. Ambos terminan enredándose en una relación carnal y de deseo que dura casi dos años hasta que ella, a los dieciocho, regresa a Francia con su familia. La historia también narra memorias de la relación de la escritora con la madre, los hermanos, el entorno decadente, violento y miserable que tuvo su familia en Indochina. La narración fragmentada, dando saltos temporales y cronológicos, utilizando narradores en primera y tercera persona, otorga un ritmo poético, hermoso y nostálgico que permite entender a la escritora/narradora en su completa dimensión personal.

Con la empatía que se obtiene de la lectura de ambas novelas, uno puede hacer paralelos entre ambas historias y notar la correlación de intertextualidad: ambas hablan de Indochina y el contexto colonialista, la miseria, locura y violencia enajenadora en los miembros de la familia, las relaciones de la hija con hombres mayores y ricos, la limusina León-Bollée, las concesiones, los niños pobres muertos por doquier, las malas decisiones, el diamante, la eterna espera de la adolescente. Es decir, hay constantes guiños y juegos de espejo entre ambas historias.

Pero queremos ir más allá. Creemos que con treinta y seis años, Duras publicó El dique jugando con eufemismos y dando rodeos. Muestra situaciones de manera indirecta y cuida un poco a los personajes (y a las personas que ellas representaban: su familia), tal vez un poco para guardar las formas, tal vez para evitar discusiones con connotaciones políticas o morales, quizá para negar y esconder información que ella misma, como escritora, experimento y sufrió. Creemos que, con setenta años, al momento de publicar El amante ydebido a su edad, Duras habría querido darse el gusto y complacencia de contar sus verdades. Y es posible, incluso, que haya buscado una complicidad con el lector.

Recogemos un pasaje de El amante que nos hace creer que vamos en la dirección correcta: «Así, pues, no es en la cantina de Ram, ya ven, como había escrito, donde conocí al hombre rico de la limusina negra, es después de dejar la concesión, dos o tres años después, en el transbordador, el día al que me refiero, bajo esa luz de bruma y calor» (p. 38). Esta cita nos permite considerar que Duras habría buscado la empatía del lector que conoce también la obra El dique, aclarándole que las cosas no ocurrieron como ella narró antes, y que esta vez sí contará  su verdadera historia.

En ese sentido, hemos elegido cuatro ideas y momentos para ejemplificar este carácter de intertextualidad que permite comparar ambas novelas y comprender a la verdadera Duras.

En primer lugar, la madre es vista como una persona con trastornos mentales en las dos historias. Tiene arranques insanos y violentos y, en ambas obras, le pega a su hija con dureza. La agrede físicamente de manera abusiva durante horas. En la primera por sospechar que su hija se ha ido a la cama con el francés. En la segunda, la madre no cuenta con certezas, pero asume que su hija tiene relaciones sexuales con el chino. Así, dice directamente que «su hija es una prostituta, que va a echarla fuera de casa, que desea verla reventar, que nadie querrá saber más de ella, que está deshonrada, una perra vale más» (p. 79). La madre tiene un rol desgarrador en ambas obras, como si no quisiera a su hija, pero mientras que en la primera se mantiene en la ficción, es con la segunda que entendemos las que serían las reales dimensiones de su personalidad y de la relación con su hija. Será por ello, quizá, que en El dique la madre no tiene nombre, sólo se llama madre, mientras que la hija Suzanne. En El amante, la madre se llama Marie mientras que la hija no tiene nombre. A veces no se pueden nombrar las penas y los dolores. A veces es mejor guardar silencio.

En segundo lugar, el papel del hermano mayor. En El dique el hermano mayor es Joseph. En El amante aparecen dos varones pues Duras, en la realidad, tuvo ese número de hermanos. Se puede interpretar que Joseph representa la figura fusionada de los dos hermanos hombres que aparecen en El amante: Joseph simboliza la violencia del hermano mayor y la pasión que la adolescente siente por su hermano menor. Así, en el El dique, Suzanne, alter ego de Duras, tiene admiración y deseo por el hermano mayor, pero ella también es consciente de sus arrebatos de violencia. Joseph, no obstante, tiene ciertas actitudes que lo salvan como hijo pues ama a su madre y piensa en su familia a pesar de todo. En El amante el hijo mayor es una persona que agrede físicamente a su hermano menor. Es malvado y violento. Es capaz de robar a su madre y a los sirvientes y gastar todo en  opio. De cambiar el contenido del testamento de la madre a su favor, robarle cincuenta mil francos a su hermana en Francia luego de años de no verla, entregar información sobre familias judías durante la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera es una persona: es una entidad maléfica. La narradora, luego de numerar y explicar todo lo anterior, confiesa en El amante haber sentido deseos de matarlo.

En tercer lugar, en El dique el amante fallido es un francés acaudalado, poco atractivo, con un carácter débil que se agasaja sólo con la contemplación de la piel desnuda de Suzanne mientras ella se ducha. Nunca llega a sostener sexo con ella, a pesar que la idolatra y desea con desesperación. Le entrega muchos obsequios, entre ellos un diamante. La familia no tolera a ese hombre porque les causa repulsión. Luego de hacerse con el diamante alejan al francés. Con El amante, nos enteramos de que el diamante existió, la repulsión existió, hubo sexo entre un hombre mayor y una menor de edad, pero en lugar de ser francés, el amante era de origen chino. Suponemos que, por temas de prejuicio racial y estereotipos, haya sido difícil de confesar que el amante era un chino, más aun teniendo en cuenta las sutilezas socio-políticas e históricas como consecuencia de la guerra franco-china de fines del siglo XIX en el territorio indochino. Por ello hay una indiferencia y hasta odio profeso al amante, mucho más radical que el observado en El dique. La familia nunca le dirige la palabra al chino. La hija siempre es intermediaria. El padre del amante chino jamás aceptaría que su hijo se casara con una niña blanca francesa. El amante tampoco tiene nombre (en contraposición a El dique). Es mejor callar y no nombrar los dolores. Pero con este amante chino, la narradora y la adolescente tienen sexo, sucumben ante la pasión y el deseo. No es el francés que la observa desnuda mientras se baña, es el amante chino el que la baña y le limpia el cuerpo, para luego cargarla hasta la cama, acariciarla y besarla todas las tardes durante un año y medio.

Como cuarto punto, podemos señalar a la misma Marguerite Duras. En El amante confiesa que perdió a un hijo, que ha odiado a su madre, que ha querido asesinar a su hermano mayor, que ha deseado al hermano menor, pero que lo que también ha marcado su vida ha sido ser profundamente alcohólica. Como dijimos antes, a los setenta años qué más da sincerarse y nombrar las cosas como realmente son. En ese sentido, nos llama la atención la franqueza de Duras al momento de hablar de sus características físicas. En El dique Suzanne es sencillamente hermosa de rostro y cuerpo. En El amante, Duras se considera una mujer poco bella que, incluso a los diecisiete años, ya se ve como una mujer mayor y envejecida. La escritora quiere decir las cosas como son. La niña-prostituta no era tan guapa como Suzanne, pero era blanca y por ello objeto de observación y deseo en Indochina. Y, además, le gustaba el placer sexual.

Para finalizar, subrayamos que estas dos obras de Duras son potentes en sí mismas, pero que, leídas juntas, ganan mucho significado de manera complementaria. Para ello, realizar paralelos a partir de la intertextualidad ha sido revelador. Y esa intertextualidad es el resultado de un ejercicio de honestidad literaria llevado a cabo por la misma Duras. Es ella la que nos ha permitido vislumbrar aquellos elementos, sucesos e historias que, al ser comparados en ambas novelas, adquieren un valor agregado cuando comprendemos que en El amante Duras nos ha querido contar sus verdades. En ese sentido, consideramos que podemos hablar de una búsqueda de Duras para liberarse y redimirse a través de la escritura y así proceder a narrar, hacia el final de su existencia, los hechos reales que marcaron su vida. Una complejidad emocional a la que el público lector difícilmente podría resistirse. El público lector podrá desarrollar empatía con esa honesta complejidad emocional.

Bibliografía:
DURAS, Marguerite, Un dique contra el Pacífico, Ed. Tusquets, 2008.
DURAS, Marguerite, El amante, Ed. El País, 2002.


Alejandro Manuel Manrique Bellido, alumno de la X Promoción del Máster de Narrativa, nació en Lima, Perú. Es sociólogo y diplomático de carrera. Ha servido en Moscú, Londres y Berna. Ha publicado los títulos La nieve roja de Moscú (Ed. Animal de Invierno, 2016), El laberinto del zar (Ed. La Nave, 2018) y los proyectos en tiempo real en Facebook Prometeo Ruso y La novela del mundial (2018). Asimismo, forma parte del consejo editorial de La Rompedora.


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