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Entrevista a Alejandro Manrique
"Hay que entendernos como lo que somos: seres imperfectos que sufren." Alejandro Manrique Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 27 noviembre, 2018 0 Comentarios 11 min lectura
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Entrevista a Alejandro Manrique

Alejandro Manuel Manrique Bellido (Lima, Perú) es sociólogo, diplomático de su país y, actualmente, integrante de la Décima Promoción del Máster de Narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid. Ha publicado los títulos La nieve roja de Moscú (Ed. Animal de Invierno, 2016) y los proyectos en tiempo real en Facebook Prometeo Ruso y La novela del mundial (2018). Asimismo, forma parte del consejo editorial de La Rompedora como jefe de redacción.

El pasado 11 de noviembre volvió a su natal Lima para presentar El laberinto del zar, su novela más reciente, bajo el sello Ediciones La Nave de la editorial Estación La Cultura.

Sencillo, con don de gentes y conversación culta, esta tarde La Rompedora se ha reunido con él para charlar en el tradicional Oliver’s House, punto de encuentro de escritores en este barrio de Chamberí.

Buenas tardes, Alejandro, gracias por acompañarnos, y ¡enhorabuena por la presentación de tu último libro, El laberinto del zar!


Muchas gracias.


La primera pregunta obligada: ¿podrías contarnos brevemente cuál es el tema y la trama tu libro?


Con gusto. Luego de la desaparición y muerte de su mejor amigo en Moscú, lo que significó un suceso más que doloroso, Arturo, que es mi álter ego, regresa a Lima para intentar reconstruir su vida. Comienza a sufrir alucinaciones y decide acudir a terapia. Junto con Anastasia, su terapeuta, abordará el caso desde la literatura. Las sesiones terapéuticas que conforman a esta novela representan cada alucinación de Arturo, que las escribe y luego las lee y conversa sobre ellas con Anastasia, mientras ella hace su análisis. La doctora incluso desarrolla el concepto de “esquizofrenia literaria”.


En cuanto al método que seguiste, ¿qué podrías contarnos? Entendemos que El laberinto del zar forma parte de una trilogía.


Es una especie de secuela a mi primera novela pero, en todo caso, también se puede leer de manera independiente. Forma parte de un universo literario abierto que he creado y que quiero presentar a través de una trilogía. La tercera parte, de la que ya tengo el primer borrador acabado, también se podría leer de manera independiente pero, claro, quien lea los tres libros tendrá una vista mucho más completa y concatenada de la historia, por no decir laberíntica.


¿De dónde te vino la inspiración? ¿Hay componentes autobiográficos en tu novela, tuviste que documentarte mucho o fue tu imaginación la que más protagonismo tuvo en el proceso creativo?


Mi primera novela, La nieve roja de Moscú, se basó en un hecho real: la desaparición y muerte de mi amigo diplomático peruano, allá en el 2011, con quien compartimos oficina en Moscú. Escribir el primer borrador fue terapéutico para mí, pero luego me propuse hacer literatura y reescribir el borrador hasta lograr un texto que se presentara como un juego de espejos asociado a la sutil y rica línea divisoria entre realidad y ficción. Para el segundo libro, El laberinto del Zar, tuve que documentarme sobre el complejo mundo de las enfermedades mentales. Yo no acudí a terapia pero ciertamente me la imaginé, lo que me llevó a vivir, de alguna manera, todas las alucinaciones y vicisitudes de Arturo, mi álter ego.


En la novela, asistimos a las sesiones de terapia psiquiátrica con Arturo, el diplomático, y la doctora Anastasia. Dinos, ¿qué lectura te gustaría que se hiciera de esta historia? ¿De qué nos están hablando tus personajes?


Que la normalidad no existe. Que la normalidad, en todo caso, es entender y aceptar que todos los seres humanos tenemos diferentes grados de desequilibrios y trastornos mentales. Desde algo sutil y cotidiano hasta una situación clínica y de tratamiento médico. Considero que todos tenemos algún tipo de comportamiento neurótico: alguna manía para aliviar el estrés, ansiedad, cambios de humor, fluctuaciones en el estado de ánimo, mecanismos de defensa como la represión o negación, etc. En las sesiones, Anastasia va descubriendo que Arturo es un enfermo mental trasversal: tiene puntos de neurosis, de psicosis, de psicopatía, de identidad disociativa, de esquizofrenia, lo que lo convierte en un paciente demasiado particular. Querer buscar su sanación es una metáfora a la necesidad de empatía humana por sobre todas las cosas. Hay que entendernos como lo que somos: seres imperfectos que sufren.


En cuanto a la preciosa maquetación que han hecho de tu libro, no podemos dejar de notar las ilustraciones que lo acompañan. ¿Podrías contarnos más sobre la historia que guardan?


Los títulos de mis dos novelas publicadas y sus portadas tratan de transmitir alguna imagen sobre Rusia pues es allí donde empieza mi mundo ficcional y mi condición de escritor. De hecho, los títulos también buscan esa conexión. Ahora, El laberinto del Zar cuenta con algunas ilustraciones o imágenes en su interior. Son pocas, cuatro o cinco, pero muy simbólicas porque quieren condensar los momentos más significativos de la historia: una imagen de Arturo corriendo en el malecón frente al mar, otra parado frente al océano en actitud contemplativa, otra dándole la espalda a Alejandro, que soy yo. Sí, Alejandro Manrique es también un personaje, incluso una enfermedad. Al inicio de la novela aparece la imagen de una actriz rusa de una película soviética del año 1957. Ella, sentada en una silla, sonriendo y atendiendo a un hombre echado en una suerte de diván, nos dio la imagen perfecta de cómo se vería Anastasia.


Alejandro, acabas de presentar tu libro en Lima. ¿Cuándo llega a este lado del charco?


He publicado el libro en una editorial independiente en el Perú. Ahora busco, como he hecho en otros países, coordinarme con alguna librería independiente donde pueda presentarla. Ya he tenido conversaciones con gente en Madrid, así es que espero contar con buenas noticias muy pronto. Es posible que ocurra lo mismo en París, Ginebra y Moscú, donde presenté mi primera novela.


En cuanto a tu experiencia como escritor, ¿crees que uno nace o se hace?


Creo que el escritor se hace. Todos podemos ser escritores. Basta haber leído todo lo posible, estar capacitado para lidiar con la soledad, contar con cierta disciplina, mucha pasión y ganas, y sentarse a escribir y lidiar con nuestros propios demonios. Claro, esta breve lista tal vez desincentive a mucha gente, incluso a aquellos que tienen la capacidad y potencial pues, ¿quién quiere luchar contra sus propios demonios y escribirlo? Ahora bien, quizá sí se roce de cierta forma al destino: yo siempre quise crear literatura pero nunca me atreví, no me sentí capacitado, no contaba con temas y tampoco tiempo. Y mi amigo falleció y eso desencadenó en mí una furia psicológica y emocional tan fuertes que me topé con la necesidad de escribir y crear mundos. Es curioso, siento que la literatura me buscó, tocó mi puerta y me regaló mi primera novela. El laberinto del Zar es una devolución simbólica y un guiño de ojo que yo le devuelvo a la literatura.


¿Cuándo empezaste?


Mi amigo falleció a inicios del 2011. Empecé a escribir ese mismo año y no he parado hasta el día de hoy. Es posible que ya nunca me detenga.


¿Qué buscas en el acto de escribir? ¿Alcanzar, de algún modo, a tus lectores, cultivarles, entretenerles?


Mi literatura trata de abordar los principales temas humanos: el amor, la amistad, la vida y la muerte, el individuo y la sociedad, el alma. Mis universos son metáforas de la fragilidad humana y el sufrimiento. Con mi novelas trato de generar emociones y empatía. Que los lectores sientan que la peor lucha es la que libran con ellos mismos, con esa parte interna que siempre nos quiere ver derrotados. Y que siempre hay una luz al final del camino.


¿Existe el bloqueo? De ser así, ¿qué te ha servido contra él?


Existe el bloqueo pero también existe el trabajo consciente y la inspiración. Es cuestión de no presionarse, escuchar nuestra voz interna, seguir impulsos y dejarse llevar. Sólo hay que sentarse en un espacio de libertad, concentrarse, y abrirse de cuerpo, mente y alma. Encerrarse durante horas en soledad pero luego salir a la calle y observar, correr, comer, beber, reírse y de vuelta a la lectura y escritura. Hay que hallar puntos medios.


Después de haber leído este excelente libro tuyo y sabiendo que formas parte del Máster de Narrativa, nos da curiosidad por saber si vislumbras algún efecto, una consecuencia en tu próxima narrativa. ¿Notas algún cambio en tus gustos literarios?


Bueno, si te soy sincero, yo vine a la Escuela de Escritores para aprender y seguir creciendo. Nunca hay límite para eso y yo sé que en este lugar podré explotarme al máximo. Valoro que los profesores sean escritores, tengan mucha experiencia, y te enseñen de una forma aterrizada, práctica y directa al grano, enfocada en lo que queremos todos: convertirnos en mejores escritores. Estoy ávido por leer todo lo que me digan y escribir todo lo que me pidan en las clases porque sí, se siente que uno crece en este lugar.


¿Crees que hay ventajas en estar reunido con otros escritores de toda Iberoamérica para aprender juntos?


Por supuesto. Hay una retroalimentación muy real y genial. Yo aprendo mucho de los españoles: son más concretos, sensuales y corpóreos en su lenguaje; mientras que los de América Latina nos sentimos herederos del Boom latinoamericano que combinó realismo con lo real maravilloso. Aprendemos mucho cuando leemos y comentamos nuestros textos, nos criticamos, nos aconsejamos.


¿Si no fueras escritor…?


Soy licenciado en Sociología y diplomático de mi país. Trabajo y actividad hay. Pero me he tomado una pausa temporal para enfocarme en mi crecimiento como escritor. Luego de la maestría en la Escuela de Escritores será cuestión de combinar todo. Ahora, lo que me apena a veces es que el trabajo de escritor es demasiado solitario. Por eso envidio a los músicos o jugadores de fútbol, pues siempre hacen lo propio en compañía y delante de un público que lo retroalimenta. Eso es: si no fuera escritor me hubiese gustado ser músico o jugador de fútbol.


¿Otras ramas artísticas que te influencien?


Soy muy receptivo a todo lo que sea expresión cultural: visual, auditiva, manual, escrita. Podemos aprender de todo aquello que nos quiera dar un mensaje, una idea, un diálogo. Es cuestión de abrirnos.

¡Muchas gracias, Alejando, y que sigas cosechando éxitos!

Muchas gracias.


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