menu Menú
Entrevista a Ramón González
"A un nivel creativo, sin duda que la experiencia es una gran maestra inspiradora." Ramón González Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 12 febrero, 2019 0 Comentarios 7 min lectura
Anterior Siguiente

Entrevista a Ramón González

Ramón González, natural de Daimiel en la provincia de Ciudad Real, nació en 1984. Su vida ha transcurrido en diversas ciudades, como Madrid, Londres y París, donde vive desde 2011. Aunque es licenciado en Ingeniería Química y ha trabajado varios años como consultor informático, su verdadera vocación es la escritura. Actualmente, trabaja como profesor de español en un instituto de enseñanza secundaria en París. Su libro PAZ, AMOR Y DEATH METAL (Ed. Tusquets, 2018), con un éxito inmediato y estridente, cuenta su experiencia como sobreviviente al atentado en la sala Bataclan en la capital francesa.

Hoy hemos aprovechado su participación como conferenciante en la Escuela de Escritores durante el ciclo de clases magistrales a los alumnos del Máster de Narrativa para acercarnos más a la historia de su vida y su profesión como escritor. Joven, pero con esa mirada serena de quienes se han enfrentado airosamente a la muerte, y a las cargas y los triunfos como escritor, Ramón nos ha recibido para charlar con sencillez y camaradería.

Gracias por estar aquí con nosotros, Ramón, buenas tardes.
Buenas tardes, Humberto. ¿Qué tal?

Cuéntanos, ¿qué significó tener la muerte tan cerca, a un nivel existencial y creativo?


Bueno, ya te imaginarás, Humberto. Yo iba con mi chica a un concierto y, de pronto, pasó lo que pasó. A un nivel existencial yo me lo he tomado como una llamada de atención, la voz del destino apremiándome a que hiciera con mi vida lo que de verdad me interesa. Desde entonces, por ejemplo, he reducido las horas de mi trabajo alimenticio para dedicarme más a mi escritura. Podría ganar más dinero haciendo al revés y «asegurarme» una existencia más holgada, pero está claro que, después de lo que pasé (junto con mi pareja) no voy a dar un paso atrás. Al contrario, estaré buscando dedicar mi vida a esto, que es lo que más me llena.
A un nivel creativo, sin duda que la experiencia es una gran maestra inspiradora. A veces, las historias te llegan, así, de sopetón, sin tener que empezar de cero, sin tener que imaginarlas. Pero tampoco quiero decir con esto que soslayo los otros motores creativos de los que se puede servir cualquiera que se dedique a las artes. Una imagen, un sentimiento, algo que escuchas por ahí… todo puede servir, desde luego.

¿Cómo abordar el tema autobiográfico desde un punto de vista narrativo?


En este libro, en particular, he procurado mantener una perspectiva de crónica. Es decir, me he limitado a contar lo sucedido, sin adornos, sin juicios. Luego ha venido esa otra parte, la mía, en la que cuento qué he experimentado a partir del atentado. He pasado (quizá aún lo estoy) por un proceso de recuperación físico y emocional y al afrontarlo desde lo narrativo me ha interesado, entre otras cosas, no caer en un positivismo exacerbado, nada al estilo de «encaró con talante aquella experiencia y al final, salió de ahí mucho más fuerte». No. Medir siempre esa autocomplacencia, procurar contar todo con la mayor sinceridad.

¿Cómo empezó tu llamado a la escritura?


Como otros muchos, me imagino: como lector. Hubo un momento en que yo ya no solo quería leer las historias que me gustaban sino que también quería escribirlas.

Tienes otras cinco novelas escritas. ¿Habrá oportunidad de conocerlas, algún día?


Me temo que no. Esas historias serán siempre para mí. Fueron el aliento que necesitaba para llegar hasta aquí.

¿Existe el bloqueo?


No lo creo. Habrá momentos en los que no apetece escribir mucho, pero un bloqueo como tal, no.

¿Cuándo está listo un texto?


Después de corregir y corregir ese primer borrador, suelo pasárselo a uno de mis mejores y más descarnados críticos: mi chica. Es muy sincera, lo cual le agradezco encarecidamente. Ella me dice qué es lo que no funciona con mis historias, cosas que, muchas veces, a mí no me parecían tan malas. Luego viene ese momento en que, después de haberle dicho que no, que aquello se queda tal como está, vuelvo a leer lo que ella ha señalado y me doy cuenta de que, en efecto, tenía razón. Sin más.

¿Autores, Ramón, o títulos que recuerdes especialmente?


Para este libro, por ejemplo, tengo muy presente El extranjero, de Camus, y El hombre en busca de sentido, de Víctor Frankl.

El obstáculo más grande con el que te topaste, cuando empezabas a escribir?


Yo mismo.

Si no fueras escritor…


Te diría que volvería a lo que soy, un ingeniero químico, consultor informático y profesor de español. Pero no, sencillamente, seguiría escribiendo.

¿Hay temporadas para escribir y para no escribir?


Sobre todo, no escribo por las mañanas. Por las tardes, a eso de las cinco o seis de la tarde, cuando todo parece coger un ritmo más sosegado… entonces es el momento. Entre las estaciones, bueno, te diría que me gusta más el clima más fresco del otoño que el calor del verano.

¿Hay otras ramas artísticas que influyan en tu obra?


La música, por ejemplo, y el cine.

¿La escritura como evasión o como instrumento para la transformación de la realidad?


Evasión no. Transformación… puede ser. Creo que uno puede inspirarse en la realidad, tomarla y luego modificarla para presentarla como algo distinto, algo nuevo, en ese fenómeno de la escritura que da como resultado algo que se lee. Luego, quien lee puede tomar consciencia de ciertas situaciones, de cosas que podrían cambiarse para bien… o para mal.

¿La misión del escritor sería educar, entretener, cultivar…?


Contar su realidad, mostrar a los lectores su visión del mundo. Puede ser que aquello derive en cambios patentes, pero eso ya queda en manos de otros. Contar historias, esa es nuestra parte.

Sobre el camino a la publicación…


Yo recomendaría primero buscar entre las editoriales a las que más se acerquen a su propuesta literaria. No soy muy de la idea de enviar los manuscritos a cuantos sellos editoriales hay por ahí. ¿Qué puede pasar? Que tu historia se queme. Tampoco perder la esperanza. Si uno cree en su texto y se ha empeñado en él, la lucha hay que continuarla.

Por último, y esto para acabar de meternos hasta la cocina, ¿cuál es tu lugar favorito para escribir?


¡Claro que sí! Ese sería mi escritorio, en casa, en ese momento, como te dije antes, cuando cae la tarde.

¡Ramón, muchísimas gracias, ha sido un gusto que nos acompañaras en Escuela de Escritores!
Gracias a ustedes, por la invitación. El gusto es mío, de estar entre tantas personas con este mismo interés


Anterior Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar Publicar comentario

keyboard_arrow_up