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ENTREVISTA A IOANA GRUIA
"Busco la precisión, la sensación de pulcritud,  soy más de quitar que de poner." Ioana Gruia Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 22 agosto, 2018 0 Comentarios 7 min lectura
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Entrevista a Ioana Gruia

Ioana Gruia (Bucarest) es investigadora y profesora de literatura comparada en la Universidad de Granada. Una de las autoras rumanas más prometedoras en prosa y verso, y con una obra traducida a distintos idiomas, Ioana visitó Madrid con motivo de la Feria del Libro 2018, de la que Rumanía fue país invitado. Accedió a impartir una clase magistral a los alumnos del Máster de Narrativa que versó sobre sus métodos en escritura creativa. Tras la clase, tuvimos ocasión de dialogar con ella. Joven y muy amable, con una mirada que denota inteligencia y siempre sonriente y generosa a la hora de contestar, respondió a nuestras preguntas en el Aula Aureliano Buendía.

Entre sus libros se encuentran: Otoño sin cuerpo, finalista del premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada (2002), El sol en la fruta (Renacimiento, 2011), premio Andalucía Joven de poesía (traducido al francés y al rumano), La vendedora de tiempo (novela, Espuela de Plata, 2013), Carrusel (Visor, 2016), premio de poesía Emilio Alarcos, y El expediente Albertina, novela que obtuvo el premio Tiflos (Castalia/Edhasa, 2016).

¿Cuándo supiste que querías ser escritora?


Creo que supe que quería ser escritora cuando era muy chiquita. Era una niña muy seria y algo pedante, me temo que muy pedante. Y quería ser escritora pero, no sé, con 12 o 13 años ya quería aspirar a eso.


Sabemos que tú querías escribir, ¿por eso elegiste estudiar Filología o empezaste con otros estudios y de ahí diste el cambio a la Literatura?


Bueno, en primer lugar, los textos que escribí con 12 o 13 años, espero que nadie nunca los descubra porque son absolutamente infames. Yo llegué a España con 18 años y llegué un poco por casualidad porque estudié en un colegio bilingüe y cuando acabé el último, el COU, tuve la oportunidad de venir a la Universidad de Granada con una beca. Entonces, empecé estudiando Filología Hispánica y dos años después hice Literatura Comparada, empecé a leer muchísimo en español, tanto literatura española como latinoamericana. Tenía muchísimos compañeros que escribían, sobre todo poesía, pero también relatos y, casi sin darme cuenta, yo empecé a escribir en español, pero fue un proceso muy natural.


Hablando un poco de tu proceso creativo, ¿cómo comienzas con un texto? ¿La idea te viene a partir de una imagen, una emoción…?


Bueno, es distinto si se trata de un poema, de un relato o de una novela. En el caso de una novela, el proceso es mucho más largo y para mí implica también mucha disciplina, como no puede ser de otra manera. En el caso concreto de El expediente Albertina, yo tuve la idea ya por 2010, 2011; empecé a tomar algunas notas y en 2013 empecé a organizar de manera más seria las notas en varios cuadernos y a escribir a la vez la novela, pero tenía clara la historia, la estructura, los personajes, incluso el final… Veía la novela, digamos que yo ya la veía pero todos los días me sentaba, tomaba mis notas y procuraba escribir, pues, lo que lograra escribir aquel día, unas horas por la mañana. También me documenté mucho porque El expediente Albertina cruza entre historia íntima e historia colectiva, es muy importante, y yo me sentía obligada moralmente a documentarme mucho porque escribía también sobre unas circunstancias históricas muy duras. Entonces, la labor de documentación en esta novela ocupó bastante tiempo.


El proceso de corrección. Una vez terminado el manuscrito, ¿cómo lo haces? ¿Dejas descansar el texto un tiempo para luego corregir con sangre fría?


Bueno, en el caso concreto de El expediente Albertina, es muy interesante porque yo escribí hasta dos días antes de dar a luz. Entonces, yo acabé esta novela y dos días después di a luz, con lo cual, claro, tuve que posponer la corrección hasta mucho tiempo después porque la llegada de mi hija desde luego, durante muchísimos meses, no me dejó espacio para corregir la novela. Pero creo que esto fue bueno porque la novela se quedó ahí, dormidita, y al cabo de un tiempo la retomé, dediqué muchos meses a corregirla. A nivel macro, digamos, no hice tantas correcciones porque ya, mientras la escribía, tenía muy clara la estructura, la había meditado mucho; pero a nivel micro, si se me permite decirlo así, sí, hice varias correcciones, daba vueltas a los adjetivos, a las imágenes… bueno, lo típico de todo este proceso.


En tu caso, ¿la corrección tiene que ver más con tomar las tijeras y quitar texto, sueles agregar, un poco de la dos?


Yo, en general, quito. Quito más que pongo, sí. O, a lo mejor, en algún momento, cambio algo. Si hay alguna palabra que no me acaba de convencer, pues, decido cambiarla. Yo sobre todo, busco la precisión, la sensación de pulcritud, con lo cual, por lo general, de vez en cuando hago algún cambio, como decía. Pero soy más de quitar que de poner.


El camino a la publicación. ¿Te tomó mucho tiempo, te topaste con muchos obstáculos, negativas?


Bueno, en el caso de El expediente Albertina, digamos que, yo lo presenté al Premio Tiflos y ganó. Y salió así. Tuve esta suerte, ¿no? De hecho, casi todos mis libros salieron con premio. El sol en la fruta, que fue Premio de Poesía Andalucía Joven; Carrusel, que fue Premio Emilio Alarcos, también de poesía. Únicamente mi novela anterior, La vendedora de tiempo, es mi único libro de ficción sin premio. Y, claro, lo que pasa es que, anteriormente, había publicado El sol en la fruta en Renacimiento, que fue premiado, y así logré que Renacimiento me publicara la novela en la colección de Narrativa. Pero es muy, muy difícil publicar.


Tu lugar favorito para escribir.


Mi escritorio.


Contra el bloqueo, ¿qué remedio recomienda Ioana Gruia?


Ponerse a escribir.


Libros que recomiendas, sobre todo para los que están empezando a escribir. Autores, títulos que te hayan servido a ti.


Bueno, yo recomiendo El arte de la ficción, de James Salter. Es el último libro que leí y es deslumbrante. A mí me deslumbra Salter. Desde luego, todos los ensayos, varios de los ensayos de Vargas Llosa, donde habla de la disciplina del novelista. Son fundamentales. Y, por supuesto que no me quiero olvidar de Virginia Woolf, una de las madres literarias del siglo XX, que tiene unos ensayos sobre escritura muy interesantes.


¿Cuándo sabes que un texto está listo?


Pura intuición. Me tiene que dar la sensación de que ya no necesita más retoques.


Si no fueras escritora, ¿qué te gustaría ser?


Sería actriz.


De las distintas artes, la que más influye en ti.


Música y pintura. Me influyen muchísimo.

¡Muchas gracias, Ioana!

Gracias a ti.


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