menu Menú
Estados de gracia
"Te reúnes con Julia en el único lugar del pueblo donde puede haber secretos." Relato
Por Raquel Francisco Publicado en Relatos en 29 octubre, 2019 5 Comentarios 4 min lectura
Eva Anterior Siguiente

Estados de gracia

 

Date prisa con los cordones, Marcelo, date prisa. Están desgastados y sin herretes; un día te vas a quedar con ellos en la mano. No tienes tiempo para un café. Llevas la sotana sucia. Alguien se molestará por tu barba incipiente. O por tu alzacuellos amarillento. Los detalles. Los detalles son todo en este pueblo. Un año después y sigues a prueba. Les encanta observarte. Quieren saber. Es cuestión de tiempo que empiecen a saber. Y si no, Julia reventará un día, y entonces todos sabrán.

Cruzas el pueblo de noche, aprisa, dando zancadas. Un castillo arriba y cien habitantes abajo. Las calles están desiertas y los perfiles de las casas cortan el cielo. La imagen solitaria de Julia en la oscuridad te angustia. Con las manos apoyadas en la tripa; el moño impecable; la boca apretada. Cada domingo a las siete de la mañana te espera, clavada en la puerta de la iglesia como una estatua. Siempre consigue llegar antes que tú.

Relajas el paso al llegar a la plaza cuando ves desde lejos que no está sola. Doña Rosa y doña Miren también esperan en el atrio, con las manos metidas en los bolsillos de la rebeca. Ven tu llegada y levantan la voz al unísono, para que te enteres. La acústica de la explanada te permite oír el parloteo con claridad: «Pues traemos flores para vestir la iglesia de domingo». «Son ustedes muy amables, pero como duermo mal me levanté temprano a recoger margaritas». «Pues en tu estado, y me atrevo a decir que estás en estado, deberías reposar más».

Sabes que han venido a intimidarla. Has visto cómo lo hicieron con Pascual cuando envenenaron al perro de Tomás. Sabías que un día lo harían con Julia. Que en cuanto los síntomas o la tripa creciesen, las dos hermanas hurgarían hasta encontrar un culpable. Y gritas ¡zorras!

No, no lo gritas ni lo murmullas siquiera porque después de eso sólo quedaría la huida. Y quieres hacer las cosas bien. La aflicción con la que te has levantado ha pasado en cuanto has visto a Julia. Das los buenos días con tu sonrisa más amplia y consigues mirarlas sin verlas; para no herirte. Hablas de este frío anormal en octubre. Julia, cómplice, comenta lo pronto que le han salido a Juan naranjas en su huerto y lo dulces que están. Rosa y Miren observan y comprenden, pero te da igual porque te das cuenta de que Julia es más fuerte de lo que te empeñas en creer. No necesita tu protección porque tiene la suya propia.

Abres el portón. Tu sufrimiento comienza de nuevo nada más entrar, con el olor del incienso y la cera. Cuando te santiguas y te arrodillas en el altar. Cuando crees ver la cabeza del Cristo del retablo cada día un poco más ladeada, reprobándote. No lo entiendes porque en tu fe piensas que Julia ha sido un regalo. ¡Tiembla si quieres!, pero que sea por frío; y si no, no tiembles.

Julia gravita encendiendo las velas mientras terminas de vestirte en la sacristía. Al salir, observas que Rosa y Miren caminan casi de puntillas a colocar sus flores en el altar. Y te gusta pensar que por lo menos tienen miedo de algo. Y si no es así, son dos mujeres ridículas.

Te reúnes con Julia en el único lugar del pueblo donde puede haber secretos. Cierras tu cortinilla, y ella la suya. Vuelves a saludarla porque necesitas escuchar su débil ronquera. Por fin hueles su jabón. Levantando un poco la barbilla, intuyes sus rodillas redondas y le pides que se roce la pelusa de la nuca porque tú no puedes hacerlo.

Le preguntas por su visita al médico y te concentras en lo que hoy tienes que decirle porque en breve vendrá el hijo de Tomás a hacer sonar las campanas. Le hablas de tu carta de renuncia y de que en pocas semanas os marcharéis a comenzar vuestra historia en otra parte.


Raquel Francisco es alumna de la Décima Promoción del Máster. Nació en Murcia en 1977, pero ha vivido siempre en Madrid, donde cursó estudios de Música la primera mitad de su vida, antes de pasar a Historia del Arte en la Universidad Complutense y a Mercado del Arte en la Universidad Alfonso X. Estuvo encargada de la galería Garaje Regium de Madrid, el Espacio F del Mercado de Fuencarral y más tarde fundó Galería Aritificial, galería y centro de trabajo artístico.


Anterior Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar Publicar comentario

keyboard_arrow_up