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Cuento de buenas noches
"Meses después de haber sido enterrado, el señor Bernabé volvió a su casa." Relato
Por Adolfo Gilaberte Publicado en Relatos en 22 junio, 2020 0 Comentarios 5 min lectura
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Cuento de buenas noches

 

–Meses después de haber sido enterrado, el señor Bernabé volvió a su casa.
–¿En serio?
–Sí.
–Y… ¿qué era? ¿Un zombi?
–No, no es de zombis. Es la historia del señor Bernabé.
–De acuerdo. ¿Y por qué volvió?
–Porque el ataúd era muy estrecho, se agobiaba mucho y no podía rascarse los tobillos.
–Pobre señor Bernabé. Ahora lo entiendo. ¿Y qué más pasó? ¿Se asustaron cuando llegó a la casa?
–Sí, su hija se asustó mucho.
–¿Tenía una hija?
–Muy guapa.
–¿De cuántos años?
–Nueve.
–¿Una niña con el pelo negro precioso y un lunar sobre el labio?
–No lo sé. El cuento te lo estoy contando yo.
–Pero con este cuento no voy a dormir.
–¿Te da miedo?
–Mucho.
–Pues sigo. El señor Bernabé llegó a casa antes del amanecer y abrió la puerta…
–¿Tenía llaves?
–¿Qué? Ah, no, ya no tenía. Llamó con los nudillos, muy fuerte, y luego se puso bien el nudo de la corbata.
–Yo hubiera hecho lo mismo. Hay que estar presentable cuando se vuelve de la tumba.
–También se escupió en la mano y se peinó.
–Un poco guarrete el señor Bernabé.
–No. Es lo normal.
–Eso no lo tengo muy claro, pero sigue.
–La madre se despertó asustada porque no esperaba visitas.
–A ver, a esas horas qué quieres.
–Quiero que no me interrumpas.
–…
–Cuando la madre abrió… Bueno, espera, no. Primero el perrito fue corriendo y se puso a ladrar a la puerta. Miraba a la puerta y ladraba.
–¿Ladraría al señor Bernabé?
–No, a la puerta. Porque al señor Bernabé no podía verle.
–Por el olor, después de muerto hueles muy mal.
–El señor Bernabé se había duchado antes de morir, y olía a gel de aloe vera.
–Qué hombre tan cuidadoso.
–No te rías, que me pierdo y ya no sé por dónde voy.
–…
–La madre se despertó cuando escuchó los ladridos. Encendió la lámpara, metió los pies en las zapatillas y salió de la habitación.
–¿Era invierno?
–No lo sé, qué más da.
–Por las zapatillas, he imaginado que el suelo estaría frío.
–Todo estaba frío. Es una historia de muertos y de hombres malos.
–¡Qué miedo!
–Pues ahora verás.
–Soy toda oídos.
–Cuando la madre salió de la habitación, se encontró a su hija en el pasillo. La niña tenía los ojos muy abiertos y se abrazaba a su muñeca favorita.
–Oh, ¿qué le había pasado?
–Que había visto al señor Bernabé desde la ventana. Pero no se lo podía decir a su madre.
–¿Y eso?
–Pues del susto. ¡De qué va a ser!
–Es verdad, qué tonta soy.
–Así que las dos bajaron las escaleras, y la madre dijo: «¿Qué pasa, Coco? ¿Por qué ladras?».
–Me gusta: Coco.
–Y Coco se puso a arañar la puerta. Pero cuando la madre miró por la mirilla, no vio a nadie.
–¿El señor Bernabé se había ido?
–En la calle no estaba, no sabemos dónde estaba porque se había escondido. Yo tampoco puedo verle.
–La historia es tuya, puedes ver todo lo que pase en ella.
–No. Si se esconden no puedo.
–Ah, pues tienes razón. ¿Y qué más?
–Pues que la madre y la hija se fueron juntas a la cama. Y Coco se quedó cerca, tumbado sobre la alfombra con las orejas tiesas.
–Buen chico, Coco.
–¿Nosotras podemos tener un Coco?
–Ya hemos hablado ese tema. Además, estamos con tu historia, ¿no?
–No me apetece ya… Lo que sigue es malo.
–No tiene por qué ser malo. Es tu historia, recuérdalo. Puedes hacerla bonita.
–Pero es que no lo es.
–¿Por qué? ¿Qué pasa luego?
–…
–Vale. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
–¿De verdad?
–Claro, cariño. Si tú quieres que se acabe aquí, aquí se acaba.
–Pero todavía no te has dormido. Y yo quería contarte un cuento de buenas noches.
–Lo sé, y ha sido escalofriante. No voy a poder pegar ojo en toda la noche.
–¡Mamá! Que ya no soy un bebé. ¡No te ha dado nada de miedo!
–Es verdad, lo siento. Pero me ha gustado mucho, me has hecho reír.
–¿Mamá?
–Dime.
–¿Papá no va a volver ni vendrá a vernos una noche, verdad?
–¡¿Qué?! ¿Por qué dices eso? ¡Claro que no va a venir! Esas cosas sólo pasan en las historias de terror… Y si viene, mamá volvería a hacer lo mismo. ¿Lo sabes, verdad?
–Tengo sueño.
–Ven. Túmbate aquí, ¿abrazamos las dos a la muñeca? ¿Un Coco dices?
–Negro y blanco.
–Negro y blanco. Lo pensaré, ¿vale?
–Buenas noches.
–Buenas noches, cariño.

 


Adolfo Gilaberte, alumno de la Tercera Promoción del Máster, nació en Madrid y es escritor, profesor y coordinador de la sede de la Escuela de Escritores en Getafe. También ha impartido clases de Escritura Creativa en la Biblioteca Municipal de Ávila (2019 – 2020) y en La Central de Callao, con el taller de Iniciación a la Narrativa Breve: «¿Cuento contigo?» (2020). Autor de la novela Ezequiel, publicada en 2017 por Mármara Ediciones, obra finalista en el Festival du Premier Roman de Chambéry, Francia, 2018. Integrante del consejo editorial de La Rompedora. Su relato, Junto a la piscina, también ha sido publicado por esta revista.

 

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