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Muirenn
"Una mujer en lo alto del acantilado." Relato
Por Nerea Garrán Publicado en Relatos en 19 marzo, 2019 0 Comentarios 9 min lectura
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Muirenn

 

No camina si yo no camino, comprobado, porque así es, en efecto así es, no ha hecho falta más que decirle que se venga un par de días a mi casa de la playa y se ha presentado con una maleta como para un mes, pobre, me da pena, bueno, no, en realidad no tanto, también me doy pena yo que no ligo nada y cada vez que pisamos un pub las tiene a todas comiendo de su mano, pero él no quiere, él pasa, él está con Muirenn, Muirenn y solo Muirenn, pero Muirenn ya no está, le digo, no está, y él me mira con ojos vidriosos y no dice nada, pero su mirada se inunda como inundado de olas está el mar, yo qué sé, dice, yo que sé, y se encoge de hombros igual que ahora, porque hace frío y no dice nada, pero Muirenn Muirenn Muirenn Muirenn en su cabeza, Muirenn en su mente, Muirenn en sus sueños, Muirenn en todas partes, pobre, me da pena, si es que, qué mal repartido está el mundo, unos tanto y otros tan poco, porque aunque él sufra cada noche al meterse en esa cama de matrimonio helada, todas las cabezas femeninas siguen girándose hacia él, eso es innegable, debe de ser por eso de que la tristeza vuelve guapo hasta el más feo, no es que él sea feo, qué va, él feo, por Dios, qué gracia, pero yo qué sé, igual debería tener yo un accidente también, igual debería, pero qué pienso, qué digo, pues sí, un accidente, uno pequeñito al menos, uno en el que saliese ileso y nadie más estuviese involucrado, porque claro, quién va a querer que se muera la mujer de uno, quién va a querer que la mujer de uno estrelle el coche contra el primer árbol que se cruce en su camino y la cabeza se empotre contra el volante, porque el airbag no saltó, dijeron, el airbag de Muirenn no había saltado, pero el suyo sí, el suyo sí y por eso está hoy aquí conmigo paseando por la playa a las diez y cuarto de la noche, lejos del mundanal ruido, lejos de los coches, lejos de los accidentes y de las ambulancias, lejos de todo lo que le pudiera hacer daño, porque él está vivo pero se muere por dentro, como muertas están esas olas que hace un segundo nos hacían cosquillas en los pies, la muerte, el frío, hace frío y sigue sin decir nada, y sigue sin moverse si yo no me muevo, se lo he dicho esta mañana, se lo he dicho, pero no ha querido escucharme, nunca me escucha, en realidad no sé por qué me molesto, pero es que tengo razón, son dos años ya, Muirenn no va a volver, tiene que seguir adelante como hacemos todos, y se lo repito una y otra vez, tengo que hacerlo porque somos amigos, aunque ya no sepamos muy bien qué significa esa palabra, se lo he dicho y se ha quedado callado por un momento, como siempre, pero entonces ha levantado la cabeza y me ha dicho que no tiene ningún interés, que no quiere amigas, ni novias, ni nada que se le parezca, que quiere que le dejemos tranquilo, pero si tranquilo estás chico, más tranquilo imposible, que solo te mueves cuando otros lo hacen, ni siquiera se ha enfadado, porque no puede, no puede enfadarse, ni contestarme, ni decirme que me vaya al infierno, es una marioneta, un muñeco deshilachado, el dibujo en perfil de una figura humana sobre arena seca, y entonces ha hablado, una sola palabra, una sola y el mundo ha estallado en mil pedazos, embarazada, ha dicho, embarazada, qué dices, estaba embarazada, Muirenn estaba embarazada, y no sé por qué pero según lo ha dicho me ha venido un fuerte olor a pescado podrido y he tenido que taparme la boca y entrar dentro, era insoportable el olor, embarazada, Muirenn estaba embarazada y estrelló el coche con ellos dos dentro, uno dentro del coche, otro dentro de su propio cuerpo, y el olor del pescado podrido se entremezcla con el de la gasolina y goma de neumático y se hace un poco más agradable, él no ha soltado ni una lágrima ni dos, solo ha dicho esa única palabra, embarazada, después todo se ha quedado en silencio, las gaviotas se han apagado y hasta las olas han dejado de sonar, daba miedo, lo juro, daba miedo, es increíble lo que puede hacer una sola palabra, pero ahora suenan, no, qué digo, rugen, las olas rugen, porque el mar está picado a causa de la tormenta, una de las tantas que vendrán, pero no importa, la arena nos hace cosquillas en nuestros pies descalzos, arena mojada, áspera, sin piedras que se nos puedan meter entre los dedos, deberíamos irnos, le digo, el viento aúlla y su flequillo vuela, rubio, rubísimo flequillo, pero ser guapo a veces no es suficiente, ser guapo es horrible cuando eres un desgraciado, pobre de él, pobre muñeco deshilachado que no se mueve si yo no me muevo, vámonos, le digo, vamos dentro, pero qué hace ahí parado, no me sigue, no me está siguiendo, y el viento húmedo se me mete entre los huesos, vámonos, pero no me sigue, su mirada clavada en el horizonte, pero no, no es el horizonte, es algo mucho más cercano, más alto, más puntiagudo, ahí arriba, mira ahí arriba, no veo nada, pero dice que está ahí, quién, ella, quién es ella, porque está claro que es una mujer, ¿no? Una mujer en lo alto del acantilado. Vámonos, le digo, venga, hazme caso, viene un huracán, pero no me escucha, no me mira, está desnuda, dice, desnuda, y entonces las olas huelen a espuma de cerveza negra y saltan, estallan, chocan contra las rocas, y esa chica está desnuda y sus pezones son dos agujas punzantes, y la veo, la veo, la veo a ella con su cabello negro, negrísimo cabello sobre hombros huesudos, se parece a Muirenn, pero no es Muirenn, Muirenn está muerta y esa chica está desnuda de pie frente al abismo, su cabello negro vuela por encima de su cabeza como un remolino de insectos furiosos, vámonos, y echo a andar hacia la cabaña, pero no me sigue, y entonces grita, grita, grita, la concha rota de una almeja se me clava en el dedo gordo del pie y grito también, el eco de nuestras voces rebota un momento entre las rocas y se ahoga con el rugir del viento, la chica, me dice, la chica, ya no está, dónde está, ha saltado al agua, pero eso es imposible, quién querría darse un baño con este temporal, a no ser que…, claro, una loca, otra loca, se ha tirado a propósito, porque sí, porque eso es lo que hacen las locas, igual que su mujer, que estrelló el coche contra ese árbol con el bebé dentro de su cuerpo y su marido en el asiento del copiloto chillando como un hámster aterrorizado, vámonos, pero él tampoco está, dónde narices ha ido, si él no puede moverse, él no anda si yo no ando, y yo no me he movido que yo sepa, menuda noche, y le llamo y no contesta, pasa de mí, qué paciencia hay que tener, pero piensa que es tu amigo, tu amigo, el haría lo mismo en tu lugar, claro, por eso la arena se ha teñido de sangre negra, porque el mejillón roto me ha rajado el dedo gordo del pie y ahora solo puedo cojear, pero él es mi amigo y le tengo que entender, pero yo le entiendo pero no le comprendo, joder, un fuego en la cabaña y calcetines de algodón, dónde narices está, dónde narices se habrá metido este, y entonces le veo, le veo, y grito y aúllo con el viento, porque está ahí, ahí mismo, envuelto entre las olas, frente a mí, vamos, ven, qué haces, aprisa, muévete, pero no puede, no puedo, él nada, yo nada, los dedos se me agarrotan en la arena y el agua entrando en su boca como espuma de cerveza negra, bracea, grito, bracea, pero no hablo, no estoy hablando, no puedo moverme, ni hablar, ni pensar, imagen congelada, paisaje invernal, soy yo el que tiembla, soy yo, porque ella saltó y él saltó detrás y ahora no está por ninguna parte porque ella no es Muirenn, Muirenn está muerta y él en el mar, el olor de la sal se entremezcla con el del pescado podrido, pero no me oye, nadie me oye, él ahí y yo aquí, tan cerca, tan lejos, bracea, bracea, la llama, le llamo, la llama a ella, pero ella no contesta, ella está muerta, él y ella, ella y él, las olas estallan en el aire y los cangrejos, los cangrejos, malditos cangrejos que devoran los dedos de mis pies.


Nerea Garrán, alumna de la Sexta Promoción del Máster, nació en Madrid y es historiadora del arte, escritora y profesora. Sus textos han sido publicados en numerosas antologías y revistas de arte y de literatura. Actualmente compagina la escritura y la docencia con el diseño y la publicidad. También forma parte del consejo editorial de La Rompedora.


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