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Guardián
«Yo solo quería escapar.» Relato
Por Blanca Puyuelo Publicado en Relatos en 11 febrero, 2020 0 Comentarios 7 min lectura
Ianire Doistua en Temporales, de Nueva York Anterior Siguiente

Guardián

 

Oí decir al que parecía el jefe que me necesitaban intacta para negociar el rescate, a esta no le vais a tocar ni un pelo, ¿me habéis oído? La pija esta vale más que un polvo, así que lejos de ella. Eso dijo. Y cuando otro de ellos, un hombre enorme, vino a traerme la comida se me ocurrió algo. No sé, pensé que podría intentar seducirle, pero jamás, nunca, se me hubiera ocurrido que pudiera ser tan fácil.

Porque, a ver, llevaba una pistola en el cinturón y los músculos de sus brazos eran más grandes que mi cabeza; podría haberme matado de un empujón. Sin embargo, en cuanto le miré a los ojos y le sonreí tropezó y tiró al suelo la bandeja con mi comida. Algo que parecía arroz con tomate se mezcló con los cristales rotos del vaso de agua.

Desde fuera, uno de ellos gritó que qué pasaba, que si necesitaba ayuda, y él dijo que todo estaba bien, pero lo dijo tartamudeando, mientras yo me contoneaba delante de él como había visto hacer en algunas películas de las que ponen después de comer, en las que la buena es rubia y la mala es muy atractiva y seductora. Ah, y también empecé a desabrocharme los botones de la camisa muy despacio. El tipo no podía dejar de mirarme, pero al mismo tiempo no dejaba de mirar de reojo la puerta. Dios mío, estaba encerrada en Dios sabe dónde, con unos tipos que Dios sabe qué serían capaces de hacerme si no conseguían lo que querían y, de pronto, lo único que deseaba era acercarme a ese hombre. Pero solo porque era una estrategia para escapar y volver a casa.

Porque en cualquier otro momento me habría sentado en un rincón y habría llorado mientras me agarraba las rodillas. Esa estrategia siempre había dado resultados, pero esta vez me encontré tendiendo la mano para tocar a ese tipo enorme y armado que, sin embargo, se turbaba como un adolescente frente a mis insinuaciones. ¿Era eso posible? ¿Esa era yo? No, no era yo, era el instinto de supervivencia. Quería escapar. ¿O es que tenía que esperar a que mi marido, o mi padre, o Dios, me rescataran? Me había pasado la vida esperando, pidiendo las cosas por favor, sonriendo, siendo amable y educada, con agujetas en la cara y ¿de qué me había servido? ¿De qué me servía todo eso ahora? Ese hombre, de sudor penetrante, iba a sacarme de ahí. E iba a sacarme ya.

Pero su olor me atravesaba el entendimiento y, lejos de asquearme, como hubiera sido lo normal antes (antes, cuando lloraba en cualquier rincón, cuando sonreía por educación), activaba un lugar de mi cerebro desconocido para mí, regiones oscuras y cálidas de mi ser que despertaban, que se desperezaban de un largo sueño y me hacían extender una mano para arañarle el brazo, la pierna, el cuello, con unas uñas que hasta entonces no me habían servido para nada más que para lucirlas impecables, pero que ahora iban a salvarme la vida.

Al final, el hombre fue hacia la puerta y yo pensé que se iría sin más, pero lo que hizo fue cerrarla por dentro. Se giró y, con los brazos en jarras, se quedó mirándome, todo lo grande que era. Así, delante de la puerta, me pareció el guardián perfecto.

Yo estaba sedienta y hambrienta. Pero eso lo olvidé en cuanto él me agarró la cintura con sus manos, tan grandes que me rodeaban como si fueran un cinturón, y mientras me revolcaba por el suelo de ese cuartucho de mierda con aquel gigante, me venían imágenes de mí misma paseando por cualquiera de los centros comerciales cuyos pasillos conozco de memoria, imágenes de mi chalet con piscina, de mi marido impecable, incoloro e inodoro, tras la mesa de su escritorio, trabajando hasta tarde, de mis padres explicándome que él era el hombre con el que debía casarme, que eso era lo correcto, que era un buen hombre, de buena familia, explicándome que Filosofía no eran unos estudios apropiados para mí, mejor Económicas, o Derecho, imágenes de mí misma en el colegio, con la falda del uniforme por debajo de la rodilla, y una monja explicándome que tenía que ser buena, y obediente, y responsable, y respetar a mis padres si quería ir al cielo.

Pero mientras me revolcaba y me ensuciaba del polvo de los siglos que habían pasado sin que nadie limpiara aquella habitación, todo eso desapareció de mi cabeza y solo estábamos él y yo y esas manos en las que cabía mi cintura y los restos de mi cena mezclados con los cristales rotos y el agua y la sangre que me hice al cortarme con ellos.

Yo solo quería escapar. Solo quería escapar y mientras rodábamos abrazados, arrancándonos la ropa con los dientes, golpeándonos con los muebles, sin importarnos ya que alguien nos oyera, le pedía que me sacara de ahí, que me llevara lejos, y me escuché a mí misma susurrándole al oído, prometiéndole unas larguísimas vacaciones en cualquier playa del rincón más remoto del Caribe donde nunca, nadie, ni mi marido, ni sus jefes, ni Dios, nos encontrarían.


Blanca Puyuelo es alumna de la Octava Promoción del Máster y nació en Madrid. Es escritora y diplomada en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, oficio que la llevó a trabajar nueve meses en las Islas Feroe, unas pequeñas islas perdidas en medio del Atlántico Norte.

 Es también licenciada en Antropología Social y Cultural. Realizó su trabajo de fin de carrera en la Universidad de Copenhague, donde recibió una matrícula de honor por el trabajo de campo titulado Pigevaerelse: A room for one’s own, en el que investigó la presencia de una habitación solo para niñas en una biblioteca pública de Copenhague.

En 2016 autopublicó un libro de relatos, Sopa de patacas, experiencia tras la cual supo que quería aprender más del arte y el oficio de escribir. Así, acabó formando parte de la VIII promoción del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. Como proyecto de fin de máster escribió Somnium, por el cual obtuvo un sobresaliente y que finalmente se convirtió en una novela: su primera novela, resultado de un desafío literario y vital que desea compartir.

En 2018 fue seleccionada para formar parte del programa Creative Writing Didactics que se realizó en la Escuela de Escritores dentro del proyecto CELA (Connecting Emerging Literary Artist) para la formación de escritores en la enseñanza de escritura creativa.

Ha publicado dos relatos en la revista La Rompedora: Jerónimo y Hacer y ser.

También ha escrito un libro de relatos, Memento mori, junto con dos compañeros del máster de Narrativa.

Actualmente se está formando como profesora de escritura creativa.


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