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Metamorfosis
"Un niño asoma por una ventana que se abre como una boca." Relato
Por Arantxa Rochet Publicado en Relatos en 25 mayo, 2020 2 Comentarios 4 min lectura
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Metamorfosis

 

Un niño asoma por una ventana que se abre como una boca. Siento un pinchazo en mi cuerpo cuando lanza un vaso contra la acera, que estalla y resuena en la calle vacía. Unos gritos salen del interior de la casa. El niño no hace caso. Su frente, redonda, animal, golpea los barrotes grises mientras berrea y los ojos aguados se le proyectan hacia delante. Mira entonces el olmo enfermo que se levanta sobre un alcorque, enfrente, más allá de los cristales que han quedado esparcidos como granizo. Como si pudiera alcanzar el árbol, extiende su mano hacia fuera. Solo tras unos minutos que se me hacen eternos cierra la ventana.
Desde que los humanos se encerraron en los edificios, ya no puedo entenderlos como antes. Sus miradas en las ventanas, su guirigay incomprensible tras las paredes. Al principio los eché de menos. Puede. Igual que echa de menos el preso a su carcelero. Ahora, antes del resurgir de la cabeza del niño, casi había olvidado que existían. Solo si me fijo siento cómo palpitan en sus escondites, igual que huevos de larva a punto de eclosionar. ¿Qué planean? ¿Qué ocultan? No importa. Todo ha cambiado desde entonces. Ahora únicamente percibo la tierra crujiente de los parques, los insectos que revolotean sobre las hojas muertas, los tentáculos de las trepadoras que se arrastran por el pavimento. Todo crece sobre mí, dentro de mí. Sin ellos.
Tan solo el olmo enfermo me recuerda el pasado, su herencia. Me lo dice a través de sus raíces articuladas, que se hunden cada vez más profundo en mi carne en un intento por sobrevivir. Antes, me recuerda, moría un árbol casi en cada esquina, me los arrancaban del cuerpo rígido, anestesiado por sus venenos. Apenas podía distinguirme a través del humo, más allá de los caminos empedrados y los bordillos y las veredas. Antes creía que los edificios, que la gente, eran yo. Ahora sé que soy otra cosa.
Ya me queda poco para ser libre del todo. Solo unas horas más y quebraré definitivamente el asfalto, las baldosas, el cemento y todo lo que no deja respirar a mi cuerpo. Soy una víscera de barro y simiente que crece con las lluvias que no cesan. Bajo las calles, la tierra se me agolpa en las alcantarillas. Los túneles se achican y se expanden. Las casas de ladrillo, cubiertas de enredaderas, se inclinan hacia las calles yertas como estómagos llenos. Los puentes, las líneas blancas de pintura, los coches abandonados en las calles, todo se quiebra y muda de piel como una serpiente hasta volverse glauco.
¿Cómo serán las otras ciudades? ¿También escucharán las voces huecas del manto vegetal que todo lo cubre? ¿Habrá llegado a algunas el mar para llenar los túneles que nos recorren por dentro como a la manzana abandonada de un gusano?
No son tan diferentes la tierra y el agua, me digo. La tierra también sabe serpentear en olas. La tierra respira como un pecho escondido bajo las aceras. Cada vez más fuerte, cada vez más cerca.
Entonces escucho el ruido de unos pasos ya conocidos, de unos gritos manchando el aire. El niño sale a la calle. Con sus saltos fija sobre mi piel la capa de asfalto desprendida. Sin mirar a los lados, sin fijarse en la metamorfosis que me habita, cruza la calle y arranca las últimas hojas vivas del árbol, aún enganchadas a las ramas. Con su risa chirriante y sus ojos aguados.
Hoy morirá el olmo, es cierto. Pero una alcantarilla, como al descuido, se abre también debajo de los pies de un niño. Cuando todo, por fin, se quiebra y se libera. Con el comienzo del hambre.


Arantxa Rochet, alumna de la Tercera Promoción del Máster, nació en Madrid y es periodista. Jaulas de aire (Ed. Torremozas, 2017) es su primer libro de relatos. Fue ganadora en 2016 del certamen “El tamaño sí que importa” de narrativa breve y finalista del concurso de poesía «De Amore» organizado por la editorial Lumen. Ha participado en diversas antologías como Segundo Premio Ripley 2018 XXX Premio Ana María Matute, y también ha publicado sus relatos en varias revistas literarias como Cuentos para el Andén, La Gran Belleza y VioletaMag.


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