menu Menú
Resistencia de un cuerpo
«Para hacer un experimento se necesitan cosas muertas, un mortero, hielo seco, la fuerza de la mano, un padre y una centrifugadora.» Relato
Por Marianne Peralta Publicado en Relatos en 14 abril, 2020 0 Comentarios 8 min lectura
Ceviche para un niño Anterior A la espera de noticias Siguiente

Resistencia de un cuerpo

 

I. El vientre del padre

Mi padre ejerce la función de protección. Yo soy el cuerpo sobre el cual recae esa función. Él suele enseñarme a resolver ecuaciones por las noches. Dice que lo hace para ejercitar mi mente, para protegerla del futuro, porque la mente que es capaz de razonar incrementa su masa y esta debe trabajarse en su primera etapa de desarrollo: la infancia.
Yo intento entender las ecuaciones, sus movimientos; cuando las letras y los números se juntan, bailan y lo hacen a un ritmo que solo puede seguir la mente, pero no el cuerpo.
Todos los días de la semana hace experimentos, porque sabe de ciencia, yo no. Cuando lo acompaño al laboratorio dejo mi mochila debajo de la mesa donde se encuentran los tubos de ensayo, las pipetas, probetas, matraces y líquidos que usa para las disoluciones. Me mira con sus ojos negros y señala mi mochila; yo la tomo, la dejo en una de las sillas que están pegadas a la pared y salgo al jardín a recolectar hojas. A veces tomo algunas ramas o algunas semillas de esas que parecen piñas secas. Cuando mis manos están llenas de esas cosas muertas regreso al laboratorio. En el laboratorio no está permitido que entren las niñas con hojas ni cosas muertas, pero él sonríe cuando me ve y me da una cubeta con hielo seco y un mortero. Vacío mis cosas muertas y el hielo seco en el mortero; ahora yo también hago experimentos y, finalmente, padre e hija tienen algo en común.
Mientras intento triturar las hojas, las ramas, el hielo seco y algunos trozos de semillas, me observa y yo comienzo a ponerme nerviosa, porque siento que estoy haciendo algo mal en el procedimiento. Me da miedo que note algún error y que me grite, como cuando no entiendo el movimiento de las ecuaciones. Si mi cerebro no ejerce la función del razonamiento, se pone blanco, tensa el cuello, me grita y aprieta muy fuerte mis brazos. Pero está bien, así aprendo a razonar, a pensar por mí misma y a defenderme del futuro. Él sabe lo que es el futuro, yo no; por eso en la infancia aprendo que razonar es no tener miedo del futuro.
Cuando la fuerza de mi mano termina de triturar las hojas, las ramas, el hielo seco y algunos trozos de semillas, surge un agua verde, es agua de hojas. Él observa mi experimento y asiente; lo vacía en pequeños tubos de ensayo y los coloca en la centrifugadora, presiona un botón naranja y me dice: «Así se hacen los experimentos».
Al escuchar esas palabras yo comienzo a razonar, a pensar en los procesos que se necesitan para hacer un experimento y enumero las cosas en mi cabeza: «para hacer un experimento se necesitan cosas muertas, un mortero, hielo seco, la fuerza de la mano, un padre y una centrifugadora». Así memorizo la experimentación.
La centrifugadora emite un sonido, me mira y asiente. Yo aprieto el botón naranja y comienzo a sentirme orgullosa, he detenido algo en mi vida: «la fuerza centrífuga».
Me da un tubo de ensayo con agua verde. Yo observo el tubo de ensayo con agua verde y me lo bebo, porque solo de esa forma lograré conservar el esfuerzo de mi mano y mi primer experimento. Se ríe cuando me trago el experimento y me abraza, ya no me grita. Me gusta cuando me abraza porque no se pone blanco ni tensa el cuello ni aprieta muy fuerte mis brazos. Cuando él me levanta del suelo y me abraza siento que me quiere y yo comienzo a quererlo.
Me sienta sobre la mesa de experimentos y se va. Se pierde por algunos minutos y yo me quedo en la mesa, balanceando las piernas, y aferro mis manos al borde para no caerme. Siento el impulso de saltar, pero si saltara me lastimaría y se pondría blanco y tensaría el cuello porque «la niña es tonta, no saber razonar» y por lo tanto no puede deducir el futuro.
Pienso en las consecuencias del salto, en el impacto que recibirían mis rodillas. El golpe sería de una fuerza mayor a la que el cuerpo es capaz de tolerar. Entra en el laboratorio. Dejo de balancear las piernas. Me entrega un libro muy gordo que está escrito en otro idioma y tiene muchas fotos y dibujos con colores fosforescentes, el título dice: «Gen».
Yo aprieto el libro con mis manos. Comienzo a sentir ardor en el esternón porque no sé lo que es un «Gen» y no quiero que se ponga blanco a causa de mi incapacidad para razonar. Me da un beso en la frente y me dice que por la noche estudiaremos el libro. Yo asiento, pero tiemblo. No sé si seré capaz de entender el libro, así que comienzo a sentirme débil y bostezo.
Me baja de la mesa y me da su bata blanca. Huele a cosas muertas, al olor de mi infancia, yo hago de la bata blanca mi almohada y me acuesto debajo de la mesa donde él sigue haciendo experimentos. Observo sus piernas caminando de izquierda a derecha y pienso que esa mesa es su vientre, como el de mi mamá, y que tal vez en el vientre del padre se desarrolla la inteligencia y en el de la madre el cuerpo.

II. Un juego

La niña se esconde en un cuarto metálico: el congelador de bacterias. El frío no le duele porque su cuerpo ha aprendido a tolerar las temperaturas que oscilan entre los extremos cálidos y fríos.
En el congelador hay muchos líquidos almacenados en tubos de ensayo, vasos de precipitado y matraces. La niña observa los colores de los líquidos y toma con ambas manos un vaso de precipitado que contiene una mezcla naranja. Aprieta sus manos alrededor del recipiente de vidrio y comienza a jugar con el tiempo y el dolor. «¿Cuánto tiempo soy capaz de sostener el vaso?», se pregunta. El frío traspasa la piel que cubre la palma de la mano y su cuerpo comienza a sentir el entumecimiento que inicia en las yemas de los dedos y avanza a través del radio y el cúbito. Su cuerpo siente dolor, pero la niña sabe mucho sobre la resistencia y está dispuesta a aprender más sobre este concepto.
El tiempo avanza y ella cierra los ojos y aprieta los párpados con el objetivo de enseñarle al cuerpo a tolerar el frío. Inhala y exhala a un ritmo pausado, la respiración le ayuda a controlar las temperaturas con signos negativos. Ella respira y se traga el dolor.
Cuando la niña siente cualquier tipo de dolor, imagina que este es una cápsula o un líquido que puede tragarse. Sabe que su cuerpo tiene la capacidad de sintetizar proteínas que le ayudan a digerir ese dolor. La niña tiene fe en su cuerpo, pero solo en el cuerpo.
Abre los ojos, aprieta la mandíbula, su respiración comienza a acelerarse, las manos ahora
son blancas y sus labios están secos, pero no importa, de eso se trata el juego: ser capaz de medir la resistencia de su organismo. Hoy debe ser más fuerte que el día anterior y el día de mañana deberá superar la resistencia del día de hoy.
La niña vuelve a cerrar los ojos y aprieta los brazos a sus costados, intenta recuperar el ritmo pausado de su respiración. Las inhalaciones le traen fortaleza y las exhalaciones le proporcionan calma, dos elementos indispensables para incrementar la resistencia del cuerpo. Los omóplatos de la niña comienzan a adquirir una tensión proporcional a su voluntad. «Lo estás haciendo muy bien», le dice a su cuerpo. Su aprobación le proporciona una tenacidad inquebrantable, sólida.
El tiempo avanza y ella quiere soltar el vaso de precipitado, pero está dispuesta a soportar un minuto más de frío, con el objetivo de instruir al cuerpo. Quiere que todos sus huesos, músculos, arterias y células aprendan lo que ella ha aprendido: resistencia.


Marianne Peralta es alumna de la Décima Promoción del Máster. Nació en South Bend, Indiana. Ha vivido en países como México, Estados Unidos, Canadá y España. Es Licenciada en Mercadotecnia y Comunicación. Se ha especializado en fotografía digital, iluminación de estudio, gráfica publicitaria y storytelling. Ha complementado su formación profesional realizando diversos talleres de escritura creativa y clown.


Anterior Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar Publicar comentario

keyboard_arrow_up