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Ezequiel
Ezequiel, de Adolfo Gilaberte. Reseña
Por La Rompedora Publicado en Reseñas en 15 enero, 2019 0 Comentarios 4 min lectura
La visión antropológica en Satin Island Anterior Siguiente

Ezequiel

Ezequiel nos cuenta una historia sobre el amor o, tal vez, sobre la imposibilidad del amor. La historia de Ana es apasionante, cómo le cautiva desde el primer momento, con sus paraguas y su felicidad. Cómo viven su deseo, el paisaje extraño, su extraña muerte, que no sé si solamente es ausencia (si es que no son lo mismo ambas cosas).

Y entremezclada con su historia de amor, Ezequiel cuenta la historia de su familia, de sus abuelos, de su madre, que enloquece, y nos cuenta la historia desde la perspectiva de sus ojos de niño, la incomprensión, la admiración, la sorpresa, el descubrimiento, y luego lo traslada al presente, en una estructura que te va envolviendo, que va entrelazando lo que sabe, con lo que recuerda, lo que elabora, lo que comprende. La relación con su hermana, con su mejor amigo y con su padre.

La novela está llena de personajes que encuentran su forma de vivir, de relacionarse con el mundo, de entenderlo, y de relacionarse con los demás. Y es que también trata de eso, de las diferentes formas que tenemos de entender el mundo que nos rodea, y las formas que encontramos de sacar lo que llevamos dentro. Sea la locura, el amor, la lectura, la lluvia, las grietas o la soledad.

En Ezequiel hay también una gran reflexión sobre la muerte. Siempre presente. «La muerte viene y va. Merodea. De pronto un día se sienta a nuestro lado. Como si estuviésemos jugando a las sillas y la música se detuviera de pronto. Y nos sonríe, tan engreída y chulesca, con su boca desdentada. Sabe que es ella quien va a ganar el juego. Siempre tiene reservada la última silla.» Magnífica la historia en la que su abuela le lleva a ver a una mujer que está a punto de morir y a la que todos le piden que transmita mensajes a sus muertos.

Otra de las cosas que me ha gustado de la forma de contar de Adolfo Gilaberte es esa extrañeza con la que cuenta el mundo. Esa potente imagen con la que arranca la novela, ese ciempiés que estalla, ese dolor, esa voz que al fin se rompe y lo moja todo. Y las grietas que están por todas partes y que son como conexiones con otro mundo, con otra posibilidad, con otra forma de hacer las cosas. Las grietas que no solo rompen nuestra realidad, y nos inquietan por ello, sino que anuncian otro lugar, más inquietante incluso. O posible.

Es una novela hermosa y profunda, magníficamente bien escrita, sobre el dolor, sobre el amor, sobre el deseo, sobre la locura, sobre la familia, sobre lo que todos llevamos dentro y las diferentes formas que tenemos de sacarlo, sobre la memoria, sobre las grietas de nuestra vida, sobre las muertes que pesan sobre nosotros.

La ha editado Mármara, además, una editorial peculiar, de libreros casi suicidas, como muchas pequeñas editoriales, y que está editando títulos muy interesantes.

Yo que ustedes no me la perdería.

Antonio Martínez Asensio para el blog Tiempo de Silencio, de Antena 3.

 


 

Adolfo Gilaberte, alumno de la Tercera Promoción del Máster, nació en Madrid. Además de ser educador social también es profesor de escritura creativa y actualmente coordina la sucursal de la Escuela de Escritores en Getafe. Colabora en La Rompedora como parte del consejo editorial. Ezequiel (Ed. Mármara, 2017), su primera novela, fue seleccionada para participar en el Festival du Premiere Roman de Chambéry de Francia. También ha participado como autor en la antología de relatos Error 404 (Ed. Relee, 2017) y la revista literaria “La gran belleza”.


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