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Las cuentas pendientes
Las cuentas pendientes, de Ana Matallana Reseña
Por Ana Matallana Publicado en Reseñas en 25 junio, 2019 0 Comentarios 5 min lectura
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Las cuentas pendientes

 

Un texto elegante, teatralmente clásico y libre

Curiosamente, aquella tarde en la que el clima en la calle nos era indiferente a todos los asistentes a la librería, los libros de la presentación estaban cuidadosa y perfectamente alineados en las mesas y estantes en los que estaban expuestos.

—Disculpe ¿Es usted Ana Matallana?
—Sí, soy yo. —«Este tío no deja de hablarme. Tiene la corbata torcida.»
—¿La autora?
—Sí. —«La corbata, que se la ponga recta, por favor.»
—¿La autora que escribió Las cuentas pendientes?
—Sí, la mismísima. ¿Quién es usted? Y… ¿podría hacer el favor de ponerse bien la corbata?
—¡Un admirador! Las Cuentas pendientes, créame, es una de las mejores obras de teatro que he visto.
—Pero mi obra es un libro…
—En mi cabeza no, se lo aseguro —le contesté a la escritora y periodista, dándole mi ejemplar para que lo firmara.
—De acuerdo. ¿Y si tuviese que elegir una palabra para definirlo, cuál sería?

¡Y fuera, en la calle, el viento mueve las corbatas a su antojo! Menos mal que estamos dentro de una librería. Podrá gustarte o no, podrás entrar o quedarte fuera, podrás empatizar con el texto, emocionarte con la historia o que su giro final, guiños, detalles y pasajes no te digan absolutamente nada, ni te provoquen la menor de las sonrisas. Pero lo que es innegable es la admiración y el respeto que provoca el hecho de haber conseguido llevar a buen puerto, el único puerto de hecho, una obra propia, sea de la forma que sea. ¿Y qué hay más libre que la escritura? ¿Qué puede hacerse sentir a un creador más completo que ver sus palabras transformadas en relato, en libro? Es una proeza artística. Si a esto le añadimos que el alma de esa creadora está presente en cada frase que sus personajes sueltan, que cada detalle que le hace ser quien es está representado en el humor y la tristeza de los pasajes en los que las letras se mueven al antojo del clima que la propia autora ha compuesto, la ilusión y la sonrisa crecen a cada nueva página.
Como una mordaz psicóloga de emociones y marionetista de la psique torturada, la señorita Matallana ha escrito un libro tan elegante como duro, tan firme como puramente sentimental, tan sencillo en su propuesta como extremadamente complicado en su descripción. Y he ahí la hazaña. Complicado para todo aquel que no se haya atrevido a ser consciente de todas las fobias y manías que nos hacen ser quienes somos. Sencillo y divertido para todo aquel que sepa verse reflejado en el más mínimo toque de atención y se sienta retratado en unos casos, acompañante de nuestro miedo, esencia e incluso redención en otros. A través de una serie de personajes que se descubren como jugadores en un tablero de autodescubrimiento y que, ciertamente, no dejan de ser los protagonistas de un thriller psicológico sentimental, Las cuentas pendientes supone un logro narrativo por una razón muy sencilla: La autora, de forma humilde pero con una armadura que denota valentía a cada capítulo que pasa, nos coloca en un escenario único en el que los mundos chocan, colisionan, para caer en la cuenta pendiente que todos tenemos de que aquello que creemos nos diferencia de los demás resulta ser lo que más nos acerca a ellos.
Quizás todos estemos un poco locos, quizás todos nos pongamos nerviosos con las imperfecciones que nos rodean, es muy posible que las voces de nuestro interior nos guíen por siempre y condicionen nuestras decisiones. Seguramente, esa persona que admiramos y que nos completa, un pilar de seguridad en un suelo que no deja de moverse, resulte ser en definitiva una persona tan imperfecta como todos nosotros, contagiada por la imperfección que nos hace ser quienes somos. Bienvenidos a un texto elegante, compuesto del modo más teatralmente clásico y, no me cansaré de decirlo, más libre, que una gran espectadora de las imperfecciones que nos definen pueda escribir.
No puedo evitar ilusionarme por el hecho de que Las cuentas pendientes sea el ejemplo perfecto de lo que la literatura regala a escritor y lector: Libertad, emoción y empatía. Tan notable en su dura letra, como disfrutable en su compleja historia. Y todo en ese marco tan sencillo. Elegante, cálido en forma, frío en su firmeza y consciente de lo escrito.

—Libre, eso me ha parecido —le dije a la autora.
—Me gusta esa palabra. Y ahora, por favor, póngase bien la corbata —me contestó una escritora imperfecta, libre y valiente como el más completo de los artistas.
Esperaré al café para decirle que no puedo salir de casa sin que la mesa esté perfectamente alineada con el sofá..

-Dani Calavera. Crítico de cine y camarógrafo.


Ana Matallana, alumna de la Quinta Promoción del Máster, nació en Burgos. Ha sido la primera alumna de su promoción en publicar su proyecto de fin de máster: Las cuentas pendientes (Salto de Página, 2018). En Navarra se posicionó como la segunda novela más vendida en el mes de febrero (según el Diario de Navarra, 23/02/2018).

Es profesora de Escritura Creativa en Escuela de Escritores desde 2016, año en el que comenzó a impartir cursos presenciales en nuestra sede de Zaragoza.

Es licenciada en Periodismo por la Universidad San Jorge de Zaragoza y actualmente se dedica, además de la escritura, al sector audiovisual. Trabaja como redactora de informativos y programas en Aragón Televisión. En su etapa formativa, además, ha cursado numerosos cursos relacionados con la literatura y el cine.


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