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Fabrica de luz
Fábrica de luz, de Carmen Estirado. Reseña
Por La Rompedora Publicado en Reseñas en 4 septiembre, 2018 Un comentario 5 min lectura
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Fábrica de Luz

Recuerdo el momento en el que Carmen me habló de la idea de su segunda novela. Paseábamos por Poblenou, en Barcelona, después de una presentación en la que me invitó a acompañarla con algunas de mis canciones. Acababan de darle el Premio Isla de las Letras a la mejor novela urbana del año por Las llaves de casa y, aunque ella no le daba ninguna importancia ni se la ha dado nunca a ese tipo de cosas, yo me empeñé en que fuéramos a celebrarlo. Me había dicho que ya le rondaba la cabeza otra historia, aunque aun estaba muy verde como para contar nada. Después de unas cuantas cervezas y de darle la murga un buen rato, como bien sé hacer, conseguí que me hablara un poco de ella: «Cinco amigos deciden hacer un viaje juntos en carretera, tal vez a París, por ponernos bohemios y románticos sin complejos, cada cual con su búsqueda personal particular. Y cada uno de ellos representaría uno de los cinco sentidos, vista, oído, gusto, olfato, tacto, pero tampoco de manera evidente. Por ejemplo, la vista podría ser un personaje con muchísima miopía que se dedique a la pintura, el gusto una cocinera frustrada, no sé…». Me pareció sublime. Como casi siempre que me suelta una de las suyas.

Poco después tuve la inmensa suerte de viajar con ella a Argentina. Era la primera vez que ambos pisábamos Latinoamérica, pero pocos días nos hicieron falta para saber que iba a ser la primera de muchas. Ella incluso decidió alargar aquel viaje indefinidamente. Al menos hasta que terminara allí su segunda novela, dijo. Yo tuve que volverme a España antes. Pero un año más tarde pude regresar otra vez al otro lado del charco. Me reencontré con ella y le pregunté. Me dijo que la había terminado. Y cuando me la enseñó descubrí que no solo había escrito su novela, sino cinco novelas en una. Porque cada uno de esos personajes de los que me habló en Barcelona contaba la historia desde su perspectiva, en primera persona, con una voz y una personalidad completamente distintas. Además, el viaje de Madrid a París se había extendido también a Buenos Aires, tercera ciudad que finalmente se había convertido justo en la pieza clave que faltaba para completar el puzle del relato. Se iba a llamar Fábrica de luz. Me la leí entera aquella misma noche en que me la pasó, en la pantalla de su ordenador portátil, a base de mate y medialunas. Las trescientas y pico páginas. Me convenció, no sin que me esforzara por pillarla en un renuncio o en algún truco. Me pareció una gran novela, sinceramente. Lo había conseguido. Todo encajaba. Como ya se podrá imaginar, la obligué a salir a celebrarlo juntos por Buenos Aires al día siguiente. Después de unas cuantas cervezas, me lo confesó, de nuevo: «Bueno, sí, no está mal, pero estoy pensando en otra… Se me ha ocurrido una idea. Está un poco verde aun…».

Y es que así ha sido desde que la conocí hace nueve años y sigue siendo Carmen Estirado, y así son los personajes de su segunda novela, pero también los de la primera y muy probablemente los de la tercera, personajes siempre en búsqueda, en lucha, que no se conforman pero tampoco saben muy bien qué quieren, solo que quieren, y quieren querer. Y esta voluntad, este impulso que no cesa nunca, esa meta que está en el camino, que más que meta es horizonte inalcanzable, ese desenlace que no está sino en la trama de sus historias, es lo que les hace seguir haciendo cosas que se proponen, a veces imposibles, pero sin rendirse ni detenerse nunca. Ese horizonte, esa fractura, esa búsqueda que no tiene fin pero es de una importancia crucial en cualquier forma de creación, artística o vital, representan para mí las «llaves» de su libro Las llaves de casa y desde otro ángulo también la «luz» de su Fábrica de luz. Tanto Sabina, Julia, Gabriel, Julián y Jon, personajes principales del segundo libro de Carmen, como Sofía, protagonista del primero, tienen rasgos distintos, universos diametralmente opuestos a veces, pero a todos los une esa inquietud, a todos los mueve la misma pregunta sin respuesta que hace que en última instancia nos podamos identificar con todos ellos a la vez sin tener que parecernos concretamente a ninguno o llegando incluso a odiarlos, porque creo que es también esa nuestra misma búsqueda en el fondo, nuestra misma llave última, nuestra misma luz al final del túnel, la de Carmen, la mía y la tuya, buen lector.

Alfonso Gardi. Músico y escritor.

 


 

Carmen Estirado, alumna de la Segunda Promoción del Máster, nació en Madrid y es periodista y editora de la revista literaria «La gran belleza». Fábrica de luz (Ed. Seurat, 2018) es su segunda novela, después de Las llaves de casa (Ed. Atlantis, 2013), proyecto galardonado con el premio Isla de las Letras a mejor novela urbana (2014). También ha participado en las antologías (Golpe a la violencia de género, Ed. Atlantis, 2014) y en algunas revistas literarias (La Cigarra -México, marzo-mayo 2015- y Flotante Mag -México, junio 2016-).


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