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Entrevista a Pedro Bosqued
«No me imagino sin leer, sin compartir y recomendar lecturas, sin probar a juntar otras cuatrocientas páginas de Word. Puede que parezca un contrasentido, pero no me imagino sin imaginar.» Pedro Bosqued Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 9 marzo, 2021 0 Comentarios 10 min lectura
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Entrevista a Pedro Bosqued

 

¿Aún no conoce a Pedro Bosqued?
Advertido queda, estimado lector: estamos seguros de que le tendrá aprecio a las primeras palabras que cruce con él.

Pedro es farmacéutico de profesión y le encontrará por su natal Zaragoza entregando remedios contra los males del cuerpo. Pero -aquí viene nuestra segunda advertencia- no se vaya a creer que debajo de esa bata blanca solo hay un experto en medicinas. A poco que se deje embaucar por su voz amable y su don de gentes, tendrá ante usted a la otra parte de Pedro, el hombre culto, el melómano y uno de los alumnos del Máster de Narrativa más veteranos, graduado de la Primera Promoción.

“Pedro Bosqued”, se dirá a usted mismo, “el nombre me suena”. Y es que, además de ser uno de los primeros graduados del máster, Pedro imparte clases de Escritura Creativa y Relato Breve desde 2016 en las aulas de CoWorkingMS31, sede de la Escuela de Escritores en Zaragoza.

“¿Y no es él quien escribió…?”
En efecto, es el autor de Pieles de Italia (Ed. Confluencias, 2015) y el finalista del premio IX Faes Farma de Relatos con su cuento El circo de los mejillones.

Ahora que, si usted es uno de esos lectores que gusta de sentarse en una terraza o en la comodidad del salón de casa para leer la prensa y curiosear en los suplementos culturales, también encontrará a nuestro compañero del máster como el crítico literario de Artes & Letras del Heraldo de Aragón, donde colabora desde hace más de una década.

Hoy, La Rompedora se ha reunido con Pedro para hablar de su novela Para cenar, aire, (Ed. Pregunta, 2021), libro en el que trabajó durante el Máster de Narrativa y del que Enrique Vila-Matas se ha expresado así: Sólo el gran Pedro Bosqued, Bernardo Bertolucci y yo hemos estado de verdad en Sabbioneta. Ni qué decir tiene que Bosqued es alguien altamente imprevisible, como ya se pudo observar en su libro sobre ciudades menores de Italia y como el lector comprobará aquí también en esta repentina novela de aparente aire fortuito.

Las viandas de refrigerios y las copas rebosadas de Oliver’s House, legendario punto de encuentro literario en el barrio de Chamberí, han sido los testigos silenciosos de lo que Pedro nos ha compartido. Cultivado con el gusto exquisito de un renacentista y precedido siempre por su afabilidad y sensibilidad artística, este narrador de historias y sanador de cuerpos nos habló de Mahler, de su Novena Sinfonía dirigida por Abbado en Lucerna y, por supuesto, de por qué cenar aire.

¡Hola, Pedro! ¿Qué tal?


Muy bien, muchas gracias, como podrás comprobar, entro con todos los huesos íntegros dentro de La Rompedora la mar de contento, veremos a la salida.

Eres uno de los graduados más veteranos del máster, al formar parte de la Primera Promoción. ¿Cómo te llegó la picazón literaria? ¿Cómo valorarías tu experiencia en el máster, a más de diez años de ese primer paso por Escuela de Escritores?


Pues hace tanto que no sé ya si hasta habrá prescrito. Pero por suerte, la literatura no solo no prescribe sino que se acrecienta. Por eso no parece que haya pasado más de una década. Y la picazón debió llegar por tanto leído y la necesidad de añadir algún granito, y mira que ya hay, de literatura a la inmensidad que nos rodea. La experiencia en el Máster fue inolvidable. Hay un antes y un después. Hay un crecimiento tangible y uno inasible. Hay un tráfico de opiniones y consejos con los compañeros durante esos dos años de curso que ya no hay texto malo que diluya. Es una fuente de luz ya permanente y no sigo que si no, parecerá que deliro y todavía queda algo por escribirse.

Hemos escuchado que Para cenar, aire comenzó como tu proyecto de fin de máster, ¿es así? El título nos parece genial. Anda, cuéntanos un poco sobre cómo empezó el hambre por la cena?


Muchas gracias, los títulos a veces caen y solo hay que estar atentos a recogerlos. Otras veces, están entre líneas, en el sentido estricto de la palabra o en el laxo. El hambre por esta narración llegó en un curso de verano de la Complutense en El Escorial. Era 2007, y en el periódico apareció la noticia de un niño abandonado en el Pirineo francés. Ahí empezó a anidar la duda, el quebranto, el anhelo, las ramificaciones, las querencias y todo lo que una historia puede llegar a desplegar si coge las trazas y la envergadura de una novela.

Tu novela acaba de llegar a las mesas de novedades en las librerías. Para despertar el apetito en los paladares literarios, ¿cuál es el tema principal de tu historia y por qué lo elegiste?


El desamparo, o de por qué, ante dos hechos en apariencia parejos, obramos de manera distinta. Es por ese desamparo vital que todos llevamos por el que realizamos acciones impensables o es lo imprevisible lo que de verdad acaba decidiendo sobre lo que hacemos. La literatura es una magnífica herramienta para lanzar preguntas de calado profundo. Si el lector está fino podrá sacarle mucha pintura de la brocha de la novela. Es lo que le deseo a quien entre en la historia de Fabien y sus acólitos. Que el hueco de Lucrecia anide y haga crecer más calor del imaginado en el lector.

¿Qué importancia tiene el silencio y lo fortuito en esta historia?


Has comentado dos de las líneas más fuertes de la novela. El silencio que no es ausencia sino presencia. Como el final de la novena de Mahler dirigida por Abbado en Lucerna en 2010. Todo y todos pierden la referencia de pasado o futuro; de las preocupaciones y anhelos y viven ese final de concierto como lo que es. Experiencia plena. Lo que le deseamos a nuestras novelas cuando empezamos a escribirlas. Y cuando empezamos a escribirla, es lo imprevisible con lo que debemos convivir. Lo fortuito es esa espada de Damocles que llevamos o ese hálito inesperado que nos eleva. Depende de cada uno y de sus circunstancias que sea una cosa u otra, de cómo valoremos un silencio, en negativo o en positivo. Es crucial por no decir menos.

Si bien los lectores son tan únicos como sus experiencias vitales, ¿qué impresión te gustaría dejar en ellos con Para cenar, aire?


No lo sé de forma concreta, pero estaría bien que algo nuevo les llegase de la narración. La novela está llena de huecos, de silencios, de un extrañamiento que necesariamente ha de rellenar el lector. Es el lector el que generará su propia impresión, al margen del texto. Y como estoy comprobando, cada lector recibe una impresión distinta porque la reconstrucción mental de la historia en la mente del lector se realiza de formas muy variadas.

¿Qué fue lo que más te sirvió en el proceso de corrección de Para cenar, aire? ¿Cuál es tu sugerencia para quienes empiezan a escribir y se enfrentan a esta faena?


Escuchar las opiniones de otros escritores, de los compañeros que también estaban escribiendo las suyas. Todos pasábamos por problemas parejos y fuimos viendo en los otros ejemplos, cómo se podían resolver. Mi consejo es que se atrevan a ser más libres de lo que se imaginan. Que prueben, que escriban desde varios puntos de vista, que descubran su voz propia, que es lo único que de verdad tenemos y es por lo que de verdad se lee a alguien. La literatura avanza porque no se enquista en voces paralelas de esquemas parejos. Cultivar la mirada propia sin miedo a caer, siempre habrá algo o alguien que te levantará. Y te levantas de otra manera, te levantas siendo otro. Y ese otro, no hay que olvidarlo, también eres tú. Un tú más cercano a ser publicado y leído. No es poco.

¿Cuál ha sido tu mayor obstáculo para escribir? ¿Qué te ayudó a superarlo?


En mi caso, la crítica intrínseca que nos posee en varias fases. Podemos destrozar nuestros textos, romperlos y vituperarlos, pero si no llegamos a quemarlos, otro día ves que tiene ritmo, fondo, soltura y entonces te das cuenta de que lo que te ha sucedido le pasa a todo el mundo. Tampoco todo el mundo sabe el primer día elegir un melón en la frutería. Pero se supera. Como cualquier novela hecha melón, se supera.

¿Hay autores, títulos o estilos que recuerdes gratamente como influencias literarias? Por otra parte, ¿hay alguno que jamás volverías a buscar en el librero?


Infinidad. Ser un lector infinito, un crítico que busca incitar y un escritor que se busca, conlleva agradecer a muchos escritores tanto. Julien Gracq, Pascal Quignard, Italo Calvino, Menchu Gutiérrez, Jiménez Lozano. Pero soy muy injusto -me han venido en este momento, contemporáneos-, porque se quedan muchos en el tintero. Y llenos de tinta de la peor se podrían quedar algunos, esos que no aportan nada pero creen estar en un parnaso y no se dan cuenta que son o están rodeados de lo que no imaginan.

Si no fueras escritor, ni crítico literario, ni farmacéutico, te habría gustado dedicarte a…


A responder entrevistas como estas que hacen pensar algo, sedimentan recuerdos y fomentan anhelos nuevos. No me imagino sin leer, sin compartir y recomendar lecturas, sin probar a juntar otras cuatrocientas páginas de Word. Puede que parezca un contrasentido, pero no me imagino sin imaginar.

Hay mucha escritura y lectura, antes y después, de Para cenar, aire. Como cada vez que nos encontramos ante un libro exquisito, no nos aguantamos las ganas de preguntarle al autor si hay algún otro proyecto del que nos pueda adelantar algo?


Hay tanto y en tantas formas que mejor que el mundo editorial acabe diciendo cuándo y dónde saldrán los proyectos. Lo que puede que sea seguro, es que sea tan distinto como son Pieles de Italia y Para cenar, aire. Hay ensayos, diálogos con el arte, novelas inesperadas. Lo imprevisible de lo que hablábamos antes, dirá. O nos romperá, ahora que salimos de la entrevista de La Rompedora sin fracturas y sin espantos. Qué lujo, gracias por haberlo hecho posible.

¡Muchas gracias, Pedro!


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