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Entrevista a Lucía Emmanuel
«Decidí olvidarme de contar una historia y tratar de construir una sensación, como se hace en poesía.» Lucía Emmanuel Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 11 mayo, 2021 0 Comentarios 12 min lectura
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Entrevista a Lucía Emmanuel

 

Es muy probable que cuando visite la Escuela de Escritores se encuentre usted con una joven encantadora y de risa contagiosa. Y usted nos dirá “así hay más de una en Escuela de Escritores”. Y razón no le faltará. Añadiremos, entonces, que esta joven, en particular, es muy buena conversadora y su tono de voz, además de seguro e inteligente, no deja de sonar amable. “También hay más de una con esa voz”, insistirá. Bueno, bueno, pero es que esta joven, tan singular, además de ser escritora y poeta, también es licenciada en Física con un Máster en Cultura Científica e Innovación. “Ah”, contestará usted, amable lector, llevándose la mano a la frente, “claro: ¡Lucía Emmanuel!”.

Ni más ni menos. Nos referimos a nuestra estimadísima Lucía, la escritora y compañera de clase que ha estado con nosotros desde 2014, cuando comenzó sus estudios literarios en Escuela de Escritores. El Itinerario de Novela, diversos cursos de poesía, el Máster de Narrativa (en el que obtuvo la beca al mejor expediente de la IX promoción 2017-2019), el interés de Lucía por aprender y seguir escribiendo, lo mismo que la sed, parece no tener cura. En la actualidad, por si fuera poco, forma parte de Escuela de Escritores como integrante del equipo técnico.

Hoy, en La Rompedora, nos hemos reunido con Lucía para hablar de Muro con buganvilla, su primer poemario y también proyecto de fin de máster. Publicado por la reconocida editorial Amargord en el pasado mes de abril y próximo a ser presentado la semana entrante (noticia de la que también daremos cuenta en nuestra sección de Rompedores), no nos hemos aguantado las ganas de pedir a la autora un adelanto sobre esta obra, que ya se ha ganado elogios de crítica y lectores. La autora y la editorial han sido tan generosos, que hasta el booktrailer del libro nos han compartido.

A continuación, la entrevista con Lucía Emmanuel, escritora, poeta, hija, mujer, de muros y buganvillas:

¿Qué tal, Lucía, cómo se te va dando esta ficción que llamamos realidad? ¿Eres de llevar los pies bien plantados en la tierra o los ojos puestos en el cielo?


Siempre he pensado que soy muy aire, pero con el tiempo me doy cuenta de que cada vez soy más tierra. Supongo que se complementan, en la vida y en la escritura. Eso o que me hago mayor…

Antes de hablar de tu poemario, nos gustaría conocerte un poco más. Cuéntanos del hogar donde creciste. ¿Cómo fue la infancia de la licenciada en Física con un Máster en Cultura Científica e Innovación?


Diría que tuve una infancia bastante feliz en mi querida Bilbao. Me quedaba dormida en cualquier parte y tenía una risa contagiosa. Era muy de estar en casa y de construir universos en mi propia casa. De observar a los mayores, mis padres, e imitar a mis hermanas. También recuerdo que tenía muchas ganas de ser mayor y, ya entonces, algo de mente científica e intuición literaria.

¿Para qué gastar tiempo en construir castillos en el aire, para qué escribes?


Creo que escribo para decir algo. No porque piense que yo tenga grandes cosas que compartir, sino porque todos tenemos vivencias y mirada propias. En Cartas a un joven poeta Maria Rilke comenta que debemos preguntarnos en la soledad de nuestra noche: “¿Debo escribir?”. Yo siempre he sentido que sí, que debo hacerlo. Como si quisiese extraer eso que tengo por decir. Por otro lado, la escritura siempre me ha hecho sentir muy bien y sobre todo sentir cosas distintas de la vida cotidiana y me encantaría poder contagiar esas sensaciones a otras personas.

Ahora sí, vamos con Muro con buganvilla, que nos va a faltar resuello para hablar de tu poemario. En él hemos percibido varios temas, todos hilvanados con un don estético que solo le podría ser propio a una poeta. Los padres, la infancia, el hogar, la identidad propia… ¿pero quizá el más fuerte de todos es el duelo?


En el proceso de escritura estaba empeñada en negar lo evidente: que se trata de un libro de duelo. Quizá porque pensaba que el duelo de mis padres ya estaba terminado hacía mucho. Pero este es un duelo que sucede en un espacio literario. Es distinto. Es volver a la memoria para reconstruir un hogar con lo presente y lo ausente. Abrir la caja de pandora y tratar de darle forma de libro. Sí, claramente el tema central es el duelo.

Te conocemos como narradora, y para muestra los dos relatos tuyos que hemos publicado Don’t panic y El niño orquesta. El lirismo en su prosa se percibe desde las primeras líneas. ¿Por qué, sin embargo, elegiste el verso en este caso?


Comencé mi formación literaria por la narrativa. No se me pasó por la cabeza la poesía en ese momento, pero es cierto que mi estilo tiene mucho de poético. El lirismo aparece en casi todo lo que escribo, como una llamada a la poesía que estaba ahí desde el principio. Con este proyecto me sentí bastante vulnerable. Mi escritura se volvió tímida, insegura. Así que me centré en lo pequeño: mirar cosas cercanas, juntar pequeñas piedras, que al final fueron poemas.

Hemos escuchado que este poemario fue tu proyecto de fin de máster, algo totalmente rompedor –con perdón del adjetivo, pero ya sabes lo que nos gusta- en la tradición narrativa de este programa de escritura creativa. ¿Puedes contarnos un poco sobre su creación?


Cuando comenté en el máster que quería escribir sobre mis padres, me advirtieron de que era algo muy muy difícil, y no les faltaba razón. Sentí un bloqueo muy grande con este proyecto hasta que me di cuenta de que, aunque necesitaba escribir sobre ellos, no quería contar su historia. Así que la única forma de llevarlo a cabo fue esa: olvidarme de contar una historia y tratar de construir una sensación, como se hace en poesía.

Ahora existe en la Escuela un Máster de Poesía donde tienen todo el sentido este tipo de proyectos, pero, en su momento, hacer un poemario en un Máster de Narrativa fue algo bastante rompedor, sí. Por suerte, estuve muy bien acompañada por profesores como Daniel Montoya o Luis Luna.

El título de tu poemario: ¿Por qué un muro y una buganvilla?


En un taller corto al que asistí en la Escuela, Manuel Vilas me dio un consejo: debía darles a mis padres un nombre literario, tal y como hizo él con los suyos en Ordesa, donde les da nombre de compositores clásicos. Nunca encontré el nombre para los míos, pero sí la esencia de cada uno. En el libro mi padre es un muro, algo que hace referencia a su profesión de arquitecto, pero también a la construcción de un hogar y un poco a su carácter, que tenía algo de calmado y reservado. Mi madre, en cambio, se parecía más a una buganvilla, enérgica y colorida. Además, en el poemario relaciono el universo (y la fuerza) de las flores con el de la danza, porque ella era bailarina cuando era joven.

La estructura de la obra nos suena casi a capítulos en una narración. También hay una sensación de recorrido a través de espacios. Y, por otra parte, la estructura de tus poemas. Anda, cuéntanos más al respecto, ¿qué hay detrás de todo esto?


Este texto comenzó a funcionar de verdad cuando encontré la estructura. En una de las tutorías con Daniel Montoya y Javier Sagarna surgió la idea, a partir de mis textos, de centrarme exclusivamente en la casa de mi infancia, de hacer un recorrido a través de ella. Eso puso unos límites a mi memoria familiar, que a partir de entonces se centró en la casa, y ordenó mucho mis ideas. Así, en algunas habitaciones se produce un diálogo con mi padre, en otras con mi madre y en otras soy una observadora de los dos: de “aita y ama”. O, por ejemplo, mi habitación de niña trata sobre mi infancia.  Además, mi casa era muy grande, tenía dos pisos y muchas habitaciones, y eso me permitió dar una progresión a las metáforas y a lo que quería expresar.

Lucía, después de haber leído un poemario hecho con tanto cariño y con un resultado estético de primerísima calidad, nos gustaría pecar de indiscretos y preguntarte, ¿de qué fuentes bebe la poeta? ¿Hay escritores, poetas o artistas de quienes te has nutrido para escribir Muro con buganvilla?


En ese momento leí muchos libros de duelo. Como La isla del padre, de Fernando Marías, o Con mi madre, de Soledad Puértolas. Uno que me marcó especialmente fue Mortal y rosa, de Francisco Umbral. Cuando dejé de lado la idea de contar una historia, comencé a indagar más en poesía. Me encanta La casa encendida, de Luis Rosales, o los poemas de Berta García Faet. Sin embargo, para este libro me acerqué más a poemas breves, como los de Hugo Mujica, o a la poesía del silencio. Los que más me ayudaron fueron Paisaje con pájaros amarillos, de Jose Ángel Valente; Hilos, de Chantal Maillard o 18 días de frío, de Lourdes de Abajo, un poemario que forma parte de la Colección Fragmentaria de Amargord, como el mío.

¿Si te preguntáramos por tus poemas favoritos en Muro con buganvilla?


Me gusta mucho el comienzo. Esa primera sección donde se dibuja a mis padres antes de ser padres: en los tiempos en blanco y negro. Como dice uno de los poemas: “En ese tiempo de luz y sin colores no son quienes yo conozco: aita y ama”. Me gustó mucho escribir esos poemas, imaginar cómo eran antes de conocerlos.

En la parte del medio aparece una escalera, que separa la casa y el poemario en dos: las habitaciones de arriba y abajo. Justo después viene una sección sobre mi infancia, que es otra de mis preferidas porque es la parte más inocente. Recuerdo una sensación muy particular: ese momento nocturno en que eres niña y estás en la cama, mirando las estrellas del techo, y tienes miedo porque es de noche, pero a la vez te sientes segura porque tus padres duermen al otro lado del pasillo. Es algo que desaparece en la vida adulta o, más bien, cuando tus padres ya no están, y para mí es una de las sensaciones más puras del libro.

Decía Faulkner que, primero, un escritor intenta escribir poemas, porque son lo más difícil; luego, prueba con los relatos, que son lo segundo más difícil, y como tampoco en esto ve su aspiración lograda se vuelca, al final, por la novela. Tú ya has demostrado, y con creces, valía en lo más difícil. ¿Podríamos llegar a verte como novelista?


Sí, me encantaría. De hecho, tengo una novela escrita, muy lírica también, que me gustaría mucho publicar. Quizás ahora tenga un poco de confusión con los géneros o con mi identidad literaria, pero se me pasa cuando veo que cada vez más autores escriben obras híbridas o que hay novelas con una gran carga poética o poemarios en prosa que siguen la estructura del long poem… Me gusta la idea de no clasificar previamente lo que estás haciendo y dejar que el texto tome sus propios caminos. Me gusta y me asusta también, pero escribir cada vez es una aventura nueva.

Por último, nuestra pregunta obligada: hoy hemos visto una obra excelente y, como cada vez que uno prueba algo bueno, se queda con hambre. ¿Hay algún otro proyecto en camino del que te gustaría hablarnos?


Muchísimas gracias. Provocar hambre lectora supera todas mis expectativas, la verdad. Sobre lo que está en camino, llevo unos meses trabajando en un proyecto que conversa con esa novela escrita de la que te hablaba, ya que sucede en el mismo espacio: una ciudad con mar. Creo que tengo los ingredientes principales, pero sigo indagando en la forma, así que es pronto para contar más.

¡Muchas gracias, Lucía!

 


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