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Entrevista a Gioconda Belli
«Que las mujeres escribieran, se describieran y se sintieran representadas para mí siempre fue muy importante.» Gioconda Belli Entrevistas
Por La Rompedora Publicado en Entrevistas en 9 marzo, 2022 0 Comentarios 7 min lectura
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Entrevista a Gioconda Belli

 

Ignacio Ferrando, Gioconda Belli y Humberto Franco.

Gioconda Belli es una mujer extraordinaria. Como poeta y novelista su talento artístico ha quedado más que demostrado desde su primer libro, Sobre la grama, en el que trató el cuerpo y la sexualidad femenina a través de la poesía con absoluta naturalidad. Como muchos intelectuales nicaragüenses de su época, se integró al Frente Sandinista de Liberación Nacional y, tras unos años en el exilio, vio el triunfo de la revolución en Nicaragua a finales de los setenta.

Más tarde, después de haber ocupado importantes cargos en el gobierno sandinista, Gioconda Belli se dedicó a la novela, género en el que también destacó con títulos tan celebrados como La mujer habitada, que obtuvo grandes reconocimientos literarios por todo el mundo.

Autora y activista incansable, la maestra Belli sigue escribiendo, ganando premios literarios y, sobre todo, apoyando a la mujer y a la cultura por encima de cualquier frontera.

En el marco del Ciclo de Conferencias del Máster de Narrativa, la maestra Belli visitó Escuela de Escritores para reunirse con los alumnos de este programa de estudios. La Rompedora, siempre al acecho, aprovechó la ocasión para charlar con esta reconocida autora.

He aquí lo que Gioconda Belli, con su mirada inteligente y elocuencia amabilísima nos ha compartido sobre su experiencia de vida:

Conociendo su trayectoria, no solo como narradora y poeta, sino también como activista en el frente sandinista, ¿qué efecto es el que más le gustaría provocar en sus lectores? ¿Qué tiene la escritura, como forma de contacto con los demás, que no tienen las otras formas de arte?


Quizá eso sea lo primero que uno se pregunte cuando entra en una librería, ¿verdad? Yo creo que es la voz particular de cada uno. Esa necesidad de comunicarse con los demás y de crear arte. Este es, para mí, uno de los primeros misterios de nuestra especie. Las primeras pinturas rupestres, por ejemplo. En El infinito en la palma de la mano, tuve la necesidad de contar la historia de Adán y Eva después de ser expulsados del paraíso. Esa necesidad de contar algo, a través del arte, y el encuentro con quien desea tener esa experiencia como lector, algo físico, espiritual. Ese es el punto de encuentro que a mí me inspira a seguir escribiendo. Me divierte, me abstrae de todo lo que me rodea para llevarme a vivir en mi imaginación, un lugar que a mí me encanta. Se ha convertido ya en algo que forma parte de mi vida.

Hablando de inspiración, hay quienes dicen que para escribir hay que sacar lo mejor de uno, pero también hay quienes defienden lo malo como el gran catalizador, lo que hace madurar a la persona y al escritor. ¿A usted de dónde le gusta obtener más impulso?


En narrativa, pongamos en una novela, sí que hace falta un conflicto, algo que atrape al lector. El enfrentamiento del protagonista contra lo que la vida o los demás le pongan en cara será lo que madure la historia. En este sentido, lo malo, ese conflicto es sin duda importante. Un amigo poeta solía decirme «¿Y vos para qué querés ser feliz? Eso es muy malo para la literatura». (Ríe). Fue una gran lección de escritura. En mi vida personal tuve conflictos, como cuando tuve que exiliarme de mi país a los 25 años. En esa época escribí muchísima poesía. Después, al cabo del tiempo, cuando me estabilicé y fui más feliz, comencé a escribir más narrativa.

¿Qué es lo mejor de la poesía y la narrativa para usted, que escribe ambas?


La poesía para mí es un impulso, una pulsión que me viene desde dentro. No la invoco, solo sucede. En cambio, cuando escribo novelas, soy como una arquitecta. Me vuelvo la creadora de un mundo en el que yo soy como su dios. La poesía me trapa, me persigue, y tengo que escribirla en el momento. Es como magia. La novela es un proceso muy distinto, calculado, diseñado. Toma más tiempo.

Hay quienes dicen que la literatura tiene una magia creadora, capaz de alterar nuestra realidad, de volver patente lo que antes fue solo ficción. ¿Cree que esta magia creadora también ha tenido algo que ver con la evolución de la imagen de la mujer?


Sí que la imagen femenina fue creada por el hombre. Hasta el siglo XIX, incluso las escritoras tenían que escribir sobre la mujer con el tono masculino de los escritores. La visión del mundo a través de los ojos de la mujer, que hemos presentado las escritoras modernas, ha sido un cambio tremendo para las mismas mujeres. Verse reflejadas como realmente son y no con ese ideal (a veces, terrible) con el que los ojos del hombre les han visto, describiéndolas como brujas, malas. Que las mujeres escribieran, se describieran y se sintieran representadas para mí siempre fue muy importante. El retrato femenino hecho con los ojos de una mujer. Esto me ha llevado a escribir mucho con personajes femeninos. Desgraciadamente, algunos solo consideran que la literatura escrita por mujeres debe ser femenina, algo «light», historias de amor. Lo que es curioso porque los hombres desde siempre han escrito sobre el amor, pero nadie dice que eso esa literatura femenina. Ahora me da mucho gusto ver que hay escritoras que escriben sobre el terror o la violencia. Ellas están creando esta nueva identidad femenina, más natural, evolucionada.

¿Qué fue lo que más le sirvió para escribir poesía sobre el cuerpo de la mujer, viniendo de un entorno conservador en el que esto no era visto con naturalidad?


Lo mismo me he preguntado y creo que la respuesta es bastante sencilla: tuve una educación muy sana en términos de sexualidad. Mi madre siempre fue muy afirmativa sobre el cuerpo femenino, siempre me habló maravillas del cuerpo y de la sexualidad. Nunca hubo represión en casa. Mis padres sí que eran conservadores en aspectos como los permisos de salir, pero muy naturales y positivos a la hora de expresarse sobre el cuerpo humano. Hay una anécdota de cuando mi madre me explicó lo que era la menstruación: me lo contó de una forma tan bella que, cuando salí de su habitación, me dio mucho pesar que mi hermano jamás fuera a tener una. (Ríe).

Por último, maestra, una pregunta que nos gusta hacer para conocer un poco más de la persona detrás del escritor: ¿hay algo más que le hubiera gustado ser, en otro mundo, en otras circunstancias?


Yo creo que tuve una suerte tremenda de encontrarme, de darme cuenta de que me gustaba escribir. Y también esto me ha traído experiencias buenas y malas, pero no renuncio a ninguna de ellas. No hay nada que me guste hacer más.

 


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