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Tannia R. Tamayo, de la ciencia ficción entre mujeres y hombres
"Escribir para vivir más. A lo ancho. Para no morir nunca." Tannia R. Tamayo Entrevistas
Por Humberto Franco Publicado en Entrevistas en 27 octubre, 2022 Un comentario 12 min lectura
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Tannia R. Tamayo, de la ciencia ficción entre mujeres y hombres

 

¿Se imagina qué sería de este mundo si todos cambiáramos de sexo a media vida? ¿Cree que habría más empatía, igualdad y justicia entre hombres y mujeres? Tannia R. Tamayo, escritora graduada de la VII Promoción del Máster de Narrativa, propone esta visión prospectiva en su obra de ciencia ficción El peso del humo (Ed. Alberto Santos, 2022).

Después de exitosas presentaciones en la Feria del Libro de Madrid o en la reciente XL edición del Hispacón en el Ferrol, entre otras, Tannia se reunirá con los lectores propios y ajenos al género de la ciencia ficción en la Residencia de Estudiantes (martes 8 de noviembre, 19.00) para hablar sobre el proceso creativo de esta fascinante historia.

La relación entre hombres y mujeres, la sensibilidad artística, la experiencia de lo místico… díganos, querido lector, si estos temas no son por sí solos atrayentes. Sume a todo ello la ambientación en un futuro que bien podría estar a la vuelta de la esquina y, entonces sí, sumérjase en las hipótesis que nos plantea la autora: ¿haría falta todo eso para alcanzar una verdadera empatía entre hombres y mujeres?, ¿qué somos capaces de crear cuando guardamos silencio y escuchamos los ritmos de la naturaleza?, ¿por qué somos capaces de alcanzar estados de éxtasis?

Aprovechando que quedan unos días para la presentación en la mítica Residencia de Estudiantes, La Rompedora buscó a Tannia para hacerle unas preguntas sobre su experiencia como escritora, como arquitecta de mundos futuros y, sobre todo, como una mujer que mira al cielo con los pies bien plantados en la tierra. Esto fue lo que nuestra querida escritora de la casa compartió con nosotros y, si algo podemos recomendarle, querido lector, es que aproveche siempre la ocasión de conversar con ella. Inteligente, entrañable y generosa, un verdadero placer:

Antes de hablar de tu libro, dinos, ¿por qué escribir? ¿Cómo fue tu paso de lectora a escritora?


Escribir para vivir más. A lo ancho. Para vivir muchas vidas. Para no morir nunca. Es curioso este delirio de inmortalidad que tenemos todos los seres humanos desde siempre y cómo nos ha configurado hasta el punto de hacernos, sobre todo, palabra. ¿No te parece? En mi caso, pasé casi a la vez de leer, muy niña, a escribir. Leía lo que caía en mis manos (novelas de aventuras en reinos naturales, novelas históricas, poesía, divulgación científica adaptada a niños…). Y pronto empecé a escribir, sobre todo papeles privados; poesía y diario. Mi madre me contó mucho tiempo después que mis textos (que ella leía sin yo saberlo) reflejaban una torturada realidad interior que a ella le sorprendía, porque yo era una niña extrovertida y ruidosa. Escribir ficción vino mucho después, ya muy adulta, cuando caí en la cuenta de que la escritura se convierte en algo diferente, fértil, casi mágico, cuando lo haces para que te lean. Para el lector. Definitivamente lorquiana como tantos. Escribo ficción para que me quieran, que no deja de ser vivir en otros.

¿Por qué elegiste la ciencia ficción prospectiva para hablar de la guerra de los sexos en El peso del humo?


Sí, para hablar de la guerra de sexos, pero también de la muerte, de la relación que tenemos con nuestra realidad interior y con la naturaleza, básicamente para hablar sobre la irrenunciable búsqueda de la verdad… La ciencia ficción no deja de ser una forma de escribir utilizando la ciencia como un recurso narrativo más. Lo que pasa es que, en este país, la etiqueta de ciencia ficción genera muchos prejuicios; el pacto de género le pide al lector confianza en el sentido de que todas las preguntas que se suscitan, que deben de ser muchas, serán respondidas. Puede que eso produzca cierto desasosiego en el lector de realismo. La ficción basada en la ciencia, como diría el grandísimo maestro George Benford, invoca imaginería de reinos lejanos y posibles, a modo de metáfora, para ofrecernos nuevas perspectivas sobre nosotros mismos. ¿Y si todos experimentáramos la vida como hombres y como mujeres? ¿Qué mundo sería aquel en que los seres que lo habitan cambiaran de sexo de forma espontánea en mitad de la vida? ¿Sería, por fin, una sociedad próspera, no violenta? ¿Libre, por fin?

Leyendo tu novela, hemos encontrado una estructura llena de detalles muy atractivos para lectores y escritores. Así como los personajes de tu obra cambian de sexo a la mitad de sus vidas, el libro también parece cambiar de tono, de lo íntimo a la acción.


Es cierto; por circunstancias que no puedo desvelar sin estropear la lectura, la protagonista de El peso del humo cambia radicalmente su punto de vista sobre sí misma, sobre su presente y sobre su futuro más o menos a la mitad de la narración. Aunque lo femenino y lo masculino sea una cuestión de convenciones culturales y, por lo tanto, una realidad continua y muy dúctil, he usado la cuestión del género como un recurso esencial para vertebrar la trama y connotar los cambios que se suceden en la protagonista. Para ello me ha gustado documentarme desde las humanidades y desde las ciencias y, qué duda cabe, también desde mi propio punto de vista. La primera parte nos muestra a una narradora más sutil y emotiva, menos resolutiva, más intrincada, perseverante y obsesionada con el devenir de la vida y de la muerte. Más hermanada con la naturaleza, más discutidora. En la segunda mitad, la protagonista es poseedora de unos sentidos quizá menos sofisticados, pero sin duda más fuertes, está más enfocada a lo práctico y a la acción. Es más arriesgada, mucho más ambiciosa y predecible. Más dispuesta a mirar de frente al riesgo.

La voz en el primer capítulo y el último, otro detalle estructural de esta novela que nos sigue llamando la atención.


El primer y el último capítulo son dos espacios narrativos donde se cierra la trama, como en un anillo. Nos habla Tyra, la protagonista, pero, a diferencia de lo que ocurre en casi todos los otros capítulos, el tiempo de la narración es el presente y el estilo es, digamos, lirico; como si la concreción no se dejara asir para que Tyra nos cuente lo que quiere contarnos. He utilizado ese recurso porque es justo lo que necesitaba para hablar de lo inefable: del sexo, de la muerte, del estado oceánico de fusión con el todo, del desdibujamiento de los contrarios. El primero y el último capítulo ocurren íntegramente desde ese estado, pero a lo largo de la novela también vamos a encontrar fragmentos en los que Tyra nos habla desde ese estado arrebatado, oceánico, inefable, y para ello siempre usará la poesía o la prosa muy fragmentada, y el tiempo verbal en presente.

Hablemos de sexo. El peso del humo tiene pasajes de un lirismo exquisito y también de una ferocidad prosaica. Un aspecto de la naturaleza humana que encaja perfectamente en esta ciencia ficción prospectiva y dota a tu historia de vida.


En cuanto al sexo, hay tantas maneras de narrarlo como de practicarlo. Puede ser tan feroz, tan ingobernable, tan carnal, tan irracional, como tierno, dosificado, espiritual y emotivo.   Pienso que todos tenemos mezclados estos dos anhelos extremos y todos los demás que caben en medio. En El peso del humo he usado las formas de expresión del placer sexual también como indicios al servicio de la trama. Espero haber conseguido que la temperatura de todas y todos los lectores se eleve al menos unas décimas cuando pasen por esos pasajes.

El arte y la experiencia mística, ese estado de gracia que alcanzan algunos para crear. Esta historia también habla de lo que significa el arte para la humanidad. Por cierto, tienes una escena en contrapunto, la de una caja llena de excrementos.


Tienes razón. Toda la novela es un alegato que trata de volver poner en valor el pensamiento artístico y la parte de cerebro vinculado a las emociones frente a la supremacía del pensamiento lógico-analítico del humano moderno (la barbarie de la reflexión de G. B. Vico). Esa vitrina llena de caca, que describe uno de los personajes de la novela, viene a evocar a Arthur C. Danto y su declaración en cuanto a que el relato artístico está ya en la posthistoria. Los grandes relatos, tal y como los conocíamos, han muerto. Y uso esta imagen para subrayar la importancia crítica de un renacimiento de la poesía como medio para sobrevivir a la espiral de extinción de la que nos avisan las instituciones supranacionales. El lenguaje poético (la poesía y el poeta) es el medio más potente del que disponemos para volver a dialogar con los ritmos inmutables de la naturaleza.

Tu documentación previa para escribir esta novela debió de ser algo colosal. Encontramos referentes clásicos, como Ovidio, pero también guiños a Virginia Woolf y Ursula K. Le Guin, y ni hablar de los ensayos científicos. ¿Recuerdas algunos en particular.


Claro que los recuerdo; tengo todas las referencias bibliográficas recogidas en una hoja Excel porque aún vuelvo sobre ellos de vez en cuando para prepararme alguna entrevista. Desafortunadamente, tengo memoria de pez, pero de pez de pecera esférica. Las fuentes científicas están enmarcadas en disciplinas como la astronomía, la genética, el urbanismo, la neurociencia o la inteligencia artificial. Quizá, de los textos científicos, estos últimos son los que más me han enamorado; en concreto un par de libros magníficos, escritos por mujeres, que me han abierto los ojos: Artificial Inteligence A guide for thinking humans de M. Mitchel (FSG Books, 2019) y The human algorithm. How artificial intelligence is redeffining who we are de F. Coleman (Counterponit, 2019). Y no quiero dejar la oportunidad de recordar otro libro que encuentra mucho eco en El peso del humo; se trata de La conexión divina. La experiencia mística y la neurobiología del profesor Francisco J. Rubia (Drakontos Crítica, 2004).

Ahora que eres una graduada del Máster de Narrativa en Escuela de Escritores, ¿cómo describirías tu experiencia en este programa de escritura creativa?


Definitiva. Inolvidable. Para repetirla en un bucle eterno.

Hay quien busca remover, educar, entretener, ¿qué efecto te gustaría provocar en los lectores con El peso del humo?


Me gustaría encender chispas en los dos lados de las mentes de los lectores (el emocional y el lógico-analítico) y que el planeta Ezali y los ezalitas se quedaran para siempre en sus recuerdos. Y ojalá pudiera rebajar los prejuicios sobre la ciencia ficción entre ellos.

Tu obra nos fascinó desde que nos contaste de qué se trataba y la pregunta es inevitable: ¿Tienes otro proyecto del que nos puedas adelantar un poco?


Ahora estoy leyendo mucho, pero tengo terminados un par de libros de relatos que quizá vean la luz pronto. Y tengo avanzada la precuela de El peso del humo: hojas y hojas de biografías de los personajes, resúmenes, algún boceto de la trama y un argumento nada nuevo que se apoyará en el clásico de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo. Aún no he elegido la voz. Y no he escrito ni un capítulo. Nuestra querida amiga procrastinación, tú también la conoces ¿verdad?

Si no fueras escritora, ¿qué más te hubiera gustado ser?


¡Justamente llevo toda la vida esperando a tener la posibilidad de dejar de ser lo que era y poder ser escritora! Ser escritora es lo que siempre me hubiera gustado ser.


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