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Cita para un vino
"...empecé a despertar sobresaltada cada noche, exactamente a las cinco menos diez, con esa extraña sensación de parecerme a ti; a esa parte de ti que detestaba." Relato
Por Alicia B. Bruned Publicado en Relatos en 4 mayo, 2021 2 Comentarios 3 min lectura
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Cita para un vino

 

Tenemos pendiente una charla desde hace mucho tiempo, papá; tomarnos un vino en alguno de esos bares terribles que te gustan solo porque te llaman por tu nombre. Con certeza no arreglaríamos lo nuestro, los dos sabemos bien que tiene difícil solución. Pero tú y yo tenemos pendiente bebernos un vino o al menos marcarnos un Sinatra, como aquella tarde en la habitación del hospital.

Seguro que te acuerdas del ruido de goteros y ese sol de noviembre atravesando la ventana de la habitación 212. Y de lo harta que estaba de cuidarte, a ti, que no me habías dado nada. De no estar muriéndote, estoy segura de que hubiera generado una tormenta. Pero estabas ahí, en tu butaca de escay, enchufado a un monitor con la indignidad de la vejez y con ese olor agrio en la piel que había difuminado tu aroma inconfundible de gardenias.  “Bailar”, dijiste “lo que quiero es bailar”. Yo miré tu piel de cera, la humillante bata abierta y pensé que estabas loco de verdad, pero busqué en Spotify tu canción de Frank Sinatra. Tú me echaste una sonrisa de cowboy y como una grúa gigante levantaste tu cuerpo de aquel sillón con los primeros acordes. Creí que ibas a caerte, pero me cogiste una mano, abandonaste la tuya en mi cintura, y empezaste a tatarear I’ve Got You Under My Skin. La bailamos entera, del sillón a la cama y de la cama al sillón, y a mí esos dos metros me parecieron la pista del Palace. Lo hicimos a la perfección, mucho mejor que el vals que nos marcamos en aquel día innombrable.

Lo que nos costó volverte a sentar, desenredar las piernas de los sueros y colocar la máquina en su sitio, pero tú reías como un cacharro roto mientras yo te decía que parecíamos dos locos. Luego todo volvió a sonar normal: el “pii” del monitor, el tráfico en la calle, mi “tengo que marcharme ya”. Pero de camino a casa aquella noche me sorprendí tatareando esa canción, recordando aquella tregua de un baile para dos.

Al día siguiente llegué un poco antes y te llevé esos pasteles de nata que tanto te gustaban. Pero te marchaste aquella madrugada, exactamente a las cinco menos diez, braceando como un inmenso pez fuera del agua. Cuando llegué ya estabas plateado y solo acaricié las escamas de tu pelo. Luego elegí un ataúd donde serías ceniza, un ramo de flores cualquiera y tomé una copa de champán como te prometí. Después regalamos tu gato, vaciamos tu armario y yo empecé a despertar sobresaltada cada noche, exactamente a las cinco menos diez, con esa extraña sensación de parecerme a ti; a esa parte de ti que detestaba.


Alicia B. Bruned es alumna de la Décimo Primera Promoción del Máster de Narrativa y nació en Zaragoza, España. Estudió Derecho  en la Universidad Complutense  de Madrid y, desde entonces,  ejerce como abogado en esta ciudad. Apasionada de la literatura ha escrito desde niña cientos de relatos que guarda en un cajón. Cita para un vino es el primero que publica.


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