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El guardián
"Antes de salir al porche compruebo que la mano amputada de la princesa sigue intacta tras el vidrio que la escuda." Relato
Por Pedro M. García Publicado en Relatos en 16 febrero, 2021 6 Comentarios 4 min lectura
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El guardián

 

Me despierto por culpa de un trueno o del silbido del viento. El aire huele a azufre, tal vez a musgo. A pesar de las décadas que llevo aquí solo, esperando al elegido que anunció la suma sacerdotisa, mi cuerpo todavía busca de primeras la armadura y el sable. Hundo el rostro en un cuenco lleno de agua y me atuso la barba. Luego me cubro los hombros con una piel de lobo. Más allá de la ventana, la tormenta sacude ramas, tierra, troncos, mi bosque. Creo que pronto llegará la aurora.

Antes de salir al porche compruebo que la mano amputada de la princesa sigue intacta tras el vidrio que la escuda. A diferencia de las mías, que se han vuelto hojas marchitas, la suya no ha envejecido desde que me confiaron su protección. Sé que dicen que su padre se la cortó para honrar un juramento. Y también que se la arrancó una bruja transformada en cuervo. E, incluso, que la perdió jugando a los dados. Pero no son más que habladurías. Lo sé porque yo presencié cómo se la cortaba ella misma.

Voy descalzo hacia la puerta. Y renqueante. Tras abrirla descubro que se ha formado un charco en la explanada que conduce a mi casa-árbol. Al igual que el día en que llegué, la madera cruje y se retuerce a cada embestida del viento.

Cuelgo la piel de lobo del pomo de la puerta y camino hasta hundir los pies en el charco de lluvia, barro y hojas. No se oye ningún ruido, ni de pájaros ni de alimañas: solo el tronar de la tormenta y el zumbido del vendaval. Estiro los brazos, alzo el rostro al cielo, un relámpago ilumina el claro de malva. Bebo del diluvio que me baña como si fuera un elixir que rejuveneciera y curase heridas y achaques. Como si el agua procediera del mismísimo Santo Grial que los caballeros de Camelot localizaron con la ayuda de la suma sacerdotisa. Cuando me sacio, cierro los ojos, respiro en profundidad. Después de media vida entregado a la meditación me siento conectado a cada raíz, a cada fuente, a cada palmo de tierra y soplo de aire.

Regreso al porche y me apoyo en el marco de la ventana, desde donde observo alternativamente la mano de la princesa y la vereda que, tras la cortina de agua y madera, atraviesa el bosque y la montaña. En algún momento cada vez más próximo veré venir por ahí al elegido. Da igual que ignore su rostro, o su nombre: el elegido me reconocerá a mí. Incluso aunque ya no porte mi armadura o mi sable. Y yo entonces le entregaré la mano de la princesa. Así lo anunció la suma sacerdotisa.

Por eso, a pesar de todo, he seguido creyendo. Por eso, aguardo.

Cierro de nuevo los ojos y me abandono al repiquetear de la lluvia contra los troncos de los árboles; contra la roca que resiste, en el suelo, el ahogo del charco que se ha formado a su alrededor. Percibo un patrón en forma de runrún entre tantos impactos, uno que no sigue el ritmo del resto de las gotas. Focalizo mi atención en él; al mismo tiempo husmeo el viento, la lluvia. Por un segundo me logro anticipar al destello del relámpago. Y entonces me parece distinguir, a través del agua, la distancia y el vidrio, un asomo de arruga, aunque leve, en la mano de la princesa.

Y, por primera vez, dudo.


Pedro M. Garcíaalumno de la Novena Promoción del Máster, nació en Arucas, en la isla de Gran Canaria. Cursó el grado en Lenguas Modernas en la ULPGC. Es escritor, traductor y también ha trabajado para el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria y ganado un par de premios literarios a nivel local. Durante 2019 participó en Los 52 golpes y publicó el relato Ante mi frontera en la revista Temporales de la NYU.


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  1. Me encanta!!! . Te felicito y espero te siga brotando de las manos,ese elixir literario que a todos nos gusta. Felicidades Pedro!!!

  2. 𝘝𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘺 𝘭𝘦í𝘥𝘰 𝘵𝘶𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴52 𝘨𝘰𝘭𝘱𝘦𝘴 𝘪𝘮𝘢𝘨𝘪𝘯𝘰 𝘶𝘯𝘢 𝘭𝘦𝘤𝘵𝘶𝘳𝘢 𝘢𝘮𝘦𝘯𝘢 𝘦 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘦𝘴𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘋𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘌𝘭 𝘎𝘶𝘢𝘳𝘥𝘪á𝘯. 𝘜𝘯 𝘴𝘢𝘭𝘶𝘥𝘰

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