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Laberinto
"La sombra del árbol muerto proyecta su sombra sobre la mesa donde aún están nuestras copas vacías." Relato
Por Verónica Martínez Publicado en Relatos en 23 marzo, 2021 0 Comentarios 3 min lectura
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Laberinto

 

Puedo ver en la fotografía el resplandor de tu pelo rubio alumbrado por la luz de la lámpara. No sé por qué, cada vez que pienso en ti, te veo sentado en ese sillón y yo encima de ti. Sobre la mesa de centro sigue la botella de vino vacía y las copas con las que, sin saberlo, brindamos por tu partida. Era otoño y aún escucho las gotas de lluvia caer sobre el techo de lámina.
Cuando me mudé a esta casa, la cama se encontraba justo en donde estamos. Desde aquí se veía, a través de la ventana, un árbol muerto con su ramaje contraído y, cuando el sol se ocultaba detrás del tronco, era un relámpago despelucado que se reflejaba en la colcha blanca.
Después cambié mi estudio para acá y el escritorio lo coloqué frente a la ventana. El vecino había tirado el árbol y, gracias a eso, desde entonces entra más luz. Donde estamos puse el librero que está ahora en mi habitación y al lado, un par de anaqueles con los diccionarios y un cupido con la flecha rota. Me lo regaló papá cuando le ayudé a inventariar los objetos de la casa que el abuelo nos dejó en herencia.
En medio de tu pecho lampiño se abre, entre los músculos del abdomen, un camino recto. Los dedos se sumen en su viaje hacia la cintura; introduzco el índice dentro de tu ombligo y, de pronto, veo una cicatriz blanca con aspecto de isla. Podría ser Australia en miniatura, la toco con cariño. Me miras y no dices nada, pero en tus ojos percibo el deleite de quien es reconocido en su singularidad y este silencio forma parte de la foto que me propone mi mente cada vez que pienso en ti.
Hace veinte años construí la cocina en esa zona. Integré la terraza al comedor y tiré los muros divisorios que hacían de esta parte de la casa un laberinto. En aquel muro colgué los cuadros de paisajes mexicanos que me regaló mamá y aquí, la lámpara de pie que me obliga a cerrar los ojos cada vez que te recuerdo. La sombra del árbol muerto proyecta su sombra sobre la mesa donde aún están nuestras copas vacías.


Verónica Martínez es alumna de la Décimo Primera Promoción del Máster de Narrativa  y nació en México. Escritora, editora y traductora, se formó como dramaturga en el Centro Nacional de las Artes y, posteriormente, estudió el diplomado en la Escuela de Escritores de SOGEM. Publicó Hugo Argüelles: aura de dragones; El perro de los huevos de oro; Libros diario, diario libros y Huellas del Abuelo Fuego. En 2001 fundó la Editorial Espejo de viento donde publicó El lenguaje secreto de Hildegard von Bingen, vida y obra; Constelación de poetas francófonas de cinco continentes (Diez siglos); Exquisito desamparo mestizo y Lenguas oscuras, entre otros títulos. Fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y del Centre national du Livre en París. En 2004 ganó el premio Juan Rulfo para primera novela con La morada del combate.

Foto © Daniel Laborde.


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