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No quiero ser un perro
«ACABAR CON EL MAL DE AMORES, tecleo.» Fragmento
Por La Rompedora Publicado en CELA, Relatos en 9 noviembre, 2022 0 Comentarios 13 min lectura
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No quiero ser un perro

 

La Rompedora se complace en compartir con el público lector las obras de los autores y traductores participantes del programa europeo CELA (Connecting Emerging Literary Artists), del que forma parte Escuela de Escritores. En esta ocasión, presentamos un fragmento del libro No quiero ser un perro (publicado por la editorial De Bezige Bij en Ámsterdam, 2019, pp. 58-67), escrito por Alma Mathijsen (Ámsterdam) y traducido al español por Daniela Martín Hidalgo (Lanzarote).

 

ACABAR CON EL MAL DE AMORES, tecleo. Esto tiene que terminar ahora. Veo historias de gente, no quiero historias, quiero soluciones, no compasión. TRANSFORMACIÓN, tecleo. Google dice que se da transformación en las matemáticas y en la genética. Elijo la segunda y hago de ella mi primera elección. Estoy cansada de este cuerpo que ha besado demasiada gente, que quizá esté dañado –me he conducido de manera temeraria, demasiado ocasional–; tiene que desaparecer, ser distinto y mejor. Transformación genética. Una cura detox con zumos resplandece en la pantalla. Transfórmate en una nueva versión de ti misma. Un tarro lleno de zumo de naranja, tan ácido que casi parece químico. Junto a él unas zanahorias, algunas manzanas rojas y unos pocos arándanos que intentan escapar. Cliqueo sin dudar, 148 euros por 3 días. Es muy poco. Quiero gastar más. Quiero borrarlo todo, preferiblemente también mi dinero.
En una web puedo modelar mi rostro ideal: me estiro los lagrimales, me agrando las orejas y me hincho las mejillas; no ayuda. Me sigo viendo como una mujer que quiere desaparecer. Pensé que asemejarme a cómo me siento ayudaría. Nada ayuda y como nada ayuda golpeo el ordenador. Oigo temblar las teclas bajo mis dedos, aprieto los puños y golpeo, el portátil oscila bajo mis manos, resuella cada vez más fuerte con cada puñetazo, aprieto los ojos y golpeo aún más fuerte, me dan ganas de arrancar la pantalla. Un estruendo tan penetrante que me tapo los oídos. Abro los ojos con cuidado. Un perro me mira fijamente. Sus ojos son grandes y acuosos, se lame una pata y luego vuelve a mirarme fijamente.
–No tengas miedo –me dice.
No tengo miedo.
–Cliquea aquí –dice el perro.
Muevo el cursor a la derecha hasta un sobre cerca de su pata y cliqueo. El perro ladra entusiasmado y después desaparece.
Le ofrecemos una salida
A todos aquellos que ya no pueden más
A todos aquellos con el corazón partido
A todos aquellos que están rotos
¿Se siente abandonado?
¿Está su corazón lejos?
¿En un lugar al que usted no puede ya acceder?
¿Su cuerpo no es más que una carcasa que le hace recordar tiempos mejores?
¿Es usted como tantos otros que buscan?
No espere más
y comience hoy mismo a transformarse.
La voz se extingue. No me gusta que las webs me hablen, pero en esta ocasión la he escuchado entera. Tecleo mi dirección para el primer envío, que es gratuito. Pídalo hoy, recíbalo mañana. Quiero todo distinto y, a ser posible, con mucho peligro.

Mi generación no abre la puerta si llaman al timbre y no se espera a nadie. Voy eliminando mentalmente las posibilidades. Estoy un millón por ciento segura de que ninguno de mis amigos vendría sin avisar, nunca nos perdonaríamos algo así. Con estímulos de carne y hueso que se nos meten en casa es fácil que se cuele a la vez un ataque de pánico. Excepto. Hay una excepción. Excepto que seas tú. Ha pasado ya tanto tiempo que tienes que venir con enormes aspavientos. Llamar al timbre podría ser un enorme aspaviento. A no ser que sea una tía. Alguien que no esté muy preocupado pero a quien le guste que las cosas no me vayan bien del todo. Entonces podrá por fin acogerme bajo sus alas. Pero eso es lo último que me apetece. Estás dañada, para bien o para mal. Me deslizo con suavidad hasta la puerta de la entrada porque tengo un telefonillo con cámara, soy suficientemente pija para tenerlo. Puedo espiar sin que se den cuenta. Sin hacer ruido, descuelgo el auricular. La pantalla parpadea. Hay una chica con un uniforme gris pardo y una gorra.
“¿Oiga?”.
Aguanto la respiración. ¿Podrá verme? Juraría que la cámara es de una sola dirección. Solo yo puedo ver lo que hace, no al contrario.
“Tengo un paquete para usted”.
Hundo un poco los hombros. Un paquete no es una visita. Un paquete puede ser un aspaviento. Presiono el botón azul.
Abro la puerta. La chica tiene una cara simpática, con los ojos del mismo color que el uniforme, hoyuelos a ambos lados de la boca. Es demasiado joven para decir que es una mujer, no le calculo más de diecinueve. Aunque debo admitir que soy una calamidad calculando edades.
“¿Le parece bien que entre un momentito y le explique algunas cosillas?”. Se abalanza sobre mí.
“Me llamo Nico”. Me tiende la mano; incómoda, la sacudo con la mía.
“A mis padres no les gustan las convenciones”.
El bolso en bandolera se le bambolea pesado, una cosa de nylon negro que le roza el culo a cada paso. Saca un archivador y una tableta y los sostiene en el aire.
“Nos encanta trabajar dos veces”, dice riéndose, y los hoyuelos se le convierten en largas líneas que le atraviesan las mejillas. Ahora que se ha cerrado la puerta percibo su olor: huele a animales, tiene el pantalón lleno de pelos.
“¿Quiere sentarse?”, le pregunto de manera mecánica. Hace tiempo que ya no tengo café, pero podría ofrecerle agua o whisky.
“Prefiero quedarme de pie”, dice mientras apoya una nalga en la mesa.
“Siempre empezamos con unas cuantas transformaciones que han llegado a buen puerto”.
Me enseña la foto de un golden retriever en brazos de una mujer. La mujer ríe casi extasiada. Nico desliza los dedos desde la derecha de la pantalla. Otra foto de otro dúo. Un hombre de bigote y un jack russell. También parecen felices a más no poder.
“Empecemos por el principio”.
Saca unos papeles de la carpeta.
“Soy bastante caótica, pero no se lo diga a mi jefe. Tengo que tomarle la presión sanguínea. ¿Qué edad me dijo que tenía?”.
Empiezo a preguntarme si se ha equivocado de dirección.
“Oh, aquí lo veo. Treinta y cuatro, bueno, en principio no es necesario extraerle sangre. Sería mejor, porque así podríamos hacer previsiones sobre su transformación. Pero puedo equivocarme.”
Ya que la chica no se sienta, me siento yo; sus palabras me marean.
“Bien, ¿le parece que le tomemos la presión sanguínea? No me gusta nada, no me gusta tocar a otras personas para nada. Es que la piel puede ser tan delicada que no me gusta. Usted no es tan mayor, diría que es más bien joven, perdone, seguro que saldrá bien. Si prefiere que le dé toda la explicación primero, también puedo hacerlo, ¿eh? Lo suyo es explicárselo primero. Pero vuelvo a hablar de más, es que según mi jefe hablo demasiado. Anyway, se lo explico todo primero”.
Nico se aparta unos mechones de la cara y saca una cajita del bolso.
“¿Sabe ya cuándo quiere empezar?”
En mi mirada ha debido de percibir que no tengo ni idea.
“No pasa nada, puede empezar cuando usted desee. Solo debo advertirle que no puede comer nada el día anterior. Me parece molestísimo, pero bueno, no soy yo quien va a transformarse. Con el estómago vacío empieza usted el día siguiente tomando la primera pastilla y después se toma este sobre de polvitos. ¿Tiene grifo de agua con gas? Tiene un sabor asqueroso así que algunas personas prefieren una inyección. Yo tampoco sé. Yo me lo bebería de un trago, pero es que soy así. Algunas personas puede abrir la garganta para tragar más fácilmente, ¿sabe usted hacerlo? Si yo supiera, lo haría”.
Su voz se pierde de fondo, miro la cajita de pastillas, cinco pastillas transparentes, cápsulas con un líquido amarillo dentro.
“¿Qué pasa si me tomo la primera pastilla?”.
“No mucho, el primer ciclo es sobre todo para subirle los valores. Vitaminas, antioxidantes, ese tipo de cosas. En la segunda fase empezamos con la reducción y en la tercera lo que hacemos es romper lo que hemos ido construyendo antes. Se pondrá muy enferma, está ya lo habrá leído, supongo, pero estoy obligada a volvérselo a recordar. Hago de consultora obediente ahora”.
Aprieta los labios y yergue los hombros. Apenas he leído nada.
“No me dejan ya compararlo con la quimio, pero se acerca. Colapso del sistema inmunitario, se hincha todo, las venas se llenan de veneno, amarillo químico, todo eso es lo que pasa con nosotros; tenemos unos sillones muy cómodos, a veces yo misma voy a sentarme en horas de oficina. Anyway, después empieza la fiesta de verdad; cuando se sienta cansadísima, justo antes, tiene aún un momento en que puede arrepentirse, entonces se puede aún revertir el proceso. Después, ya está”.
Me desliza un papel sobre la mesa.
“Firme aquí si es tan amable”.
He sido debidamente informada de los riesgos.
Es todo lo que necesito ver. Cuantos más riesgos, mejor. Con grandes letras rizadas firmo bajo la fecha.
Sick”, dice Nico. “Ahora ya sí”.
Me da la mano.
“El primer envío es gratuito. El siguiente se lo traigo dentro de cinco días. Los costes se le adeudan automáticamente, para eso ha firmado. En la tercera fase aún puede echarse atrás, debo recordárselo”.
Y tan pronto como llegó, se marcha.
Cierro la puerta tras ella y siento la presencia de las pastillas, los polvos y el folleto en mi casa. Me precipito sobre ello.
Como tantos otros, usted desea convertirse en un perro. La vida de un perro es alegre y está llena de sorpresas. Ya no se lamentará de lo predecible de sus días, sino que le complacerá. Los perros perciben el mundo de otro modo, sobre todo reciben amor de sus dueños y de eso es precisamente de lo que se trata.  Estamos aquí para todos aquellos a quienes la sociedad desprecia, los desamparados, aquellos que han sido abandonados, parejas que quieren perseverar en una relación. Aquellos aún enamorados del que se ha marchado. Personas que no ven el mal de amores como una última estación. Porque no es necesario. Lo conducimos a través de un proceso de transición; en cada nueva fase estará guiado por especialistas. Nadie tiene por qué aceptar que el mal de amores sea un hecho. Finalmente lo reuniremos con su ser amado. En tanto que perro podrá usted estar con su pareja de manera ilimitada: aúlle reclamando atención, frótese contra sus piernas, escapen juntos al campo. Se convertirá en el compañero fiel de su amado. Inseparable ya para siempre de su amor. Porque su deseo es nuestro objetivo.
En una foto una mujer estrecha a un golden retriever; intento distinguir algo en los ojos del perro. Posa sus patas en el cuello de la mujer y resuella entre sus cabellos. Sigo hojeando el folleto, las letras se vuelven cada vez más pequeñas.
Fusión
Casi un 98 por ciento de nuestros clientes que culminan de manera exitosa la transición se reúne finalmente con su ser amado. Por ello le pedimos paciencia por su parte, puesto que no todos los seres amados buscan un perro o tienen en absoluto deseo de poseerlo. Muchas veces usted conoce este particular mejor que nadie. Trabajamos con discreción. Si hay que inyectar un suero para fortalecer ese deseo, el proceso se hará más largo. En ocasiones puede durar meses (en algunos casos, años); sea consciente de ello. Puede que su amado sea un hueso duro de roer pero por suerte el amor no es un sentimiento que se extinga con rapidez.

 


Alma Mathijsen (Ámsterdam, 1984) es de una de las promesas de las letras neerlandesas. En 2006 publicó su primera colección de relatos, Binnen spelen (Jugar dentro, ed. Prometheus) seguida en 2011 de su primera novela, Alles is Carmen (Todo es Carmen, ed. De Bezige Bij). En 2014 publicó De grote goede dingen over het leven van haar vader (Las grandes cosas buenas sobre la vida y su padre, ed. De Bezige Bij) y en 2017 Vergeet de meisjes (Olvida a las chicas, ed. De Bezige Bij), novela nominada al premio de literatura BNG BANK. Su obra más reciente es el libro autobiográfico Bewaar de zomer (Preserva el verano, ed. De Bezige Bij). La nouvelle, traducida en 2021 al alemán, Ik wil geen hond zijn (No quiero ser un perro) relata la historia de una mujer joven quien, incapaz de superar el dolor de una separación amorosa y gracias a los servicios de una empresa de transformación genética, decide convertirse en el perro de su ex pareja para volver a formar parte de su vida.

 

Daniela Martín Hidalgo (Lanzarote, 1980) es traductora del inglés y el neerlandés, idioma este último del que ha traducido El nacionalsocialismo como doctrina del rencor y otros escritos, un volumen de ensayos del escritor y crítico cultural de entreguerras Menno ter Braak centrados en el ascenso del nazismo en los Países Bajos. Es también escritora y autora de varios libros de poemas.


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