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PAISAJE: CUERPO, de Luis Luna y Laura García
PAISAJE: CUERPO, de Luis Luna y Laura García Rompedores
Por Cesare Pría Publicado en Rompedores en 31 marzo, 2022 0 Comentarios 10 min lectura
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PAISAJE: CUERPO, de Luis Luna y Laura García

 

“Este libro es pues una invitación a la reflexión sobre el propio cuerpo, convirtiéndolo en un territorio por conocer. Ya que sólo se puede habitar lo conocido”. Así concluye el prefacio de “PAISAJE: CUERPO” (Amargord, 2022), la obra de presentada por Luis Luna (Madrid, 1975) y Laura García de Lucas (Ávila, 1983) el pasado jueves 24 de marzo en la Biblioteca Eugenio Trías de Madrid.
El sentido de ese conocimiento del cuerpo propio al que se refieren los autores es uno en el que no hay espacio “para las categorizaciones sociales ni para los estereotipos. La piel y sus formas se dibujan como únicas en el instante que las contemplamos. Toda observación del cuerpo es un acontecimiento y como tal, puede ser doloroso o espléndido (…) el cuerpo, en el acontecimiento de la mirada, es un paisaje único e irrepetible, una fluencia que nos contiene, nos acoge y nos conforma, estableciendo un ritual de identificación y de extrañamiento.” En definitiva, Luis Luna y Laura García de Lucas nos invitan a un conocimiento del cuerpo en toda su amplitud, en todas sus dimensiones, como una experiencia propia y única de la vida, en la que ser conscientes del valor de la diversidad.
La atención al cuerpo por parte de la literatura o la filosofía se remonta a la antigüedad. En este libro, el cuerpo se revisita desde una perspectiva contemporánea y novedosa. De hecho, “PAISAJE: CUERPO” surge a partir de una conversación de los autores sobre cómo la pandemia había cambiado nuestra forma de concebirlo.

En la presentación, Laura García de Lucas destacó cómo los meses de confinamiento nos hicieron más conscientes de nuestros cuerpos, unos cuerpos que quedaron sometidos a barreras como la imposibilidad de salir a la calle o la obligación de utilizar mascarilla.
Si bien puede afirmarse que “PAISAJE: CUERPO” es un libro que nace a partir de la pandemia, no es en ningún caso un libro sobre la pandemia, ya que esta reflexión inicial se fue desarrollando mucho más allá de la COVID-19. De este modo, también en la presentación del libro, Luis Luna habló de las barreras a las que sometemos a nuestros cuerpos, que permanecen escondidos, no solo tras la ropa sino en lo que él denominó “cárceles mentales”, hasta el punto de vivir exiliados de nosotros mismos y formar parte de una sociedad en la que la diversidad es muchas veces castigada. Luis Luna se refirió a unos “guardianes de la frontera” que te dicen cómo debes ser. Los autores también destacaron el carácter utilitarista con el que tratamos a nuestros cuerpos, destacando una reflexión: siempre nos “desnudamos para algo” ya sea ducharse o mantener una relación sexual.

Los poetas Laura García y Luis Luna

Es en estas últimas reflexiones donde radica la novedad y contemporaneidad de la aproximación al cuerpo que realiza este libro. Los autores nos invitan a vivir nuestros cuerpos tal y como son por sí mismos, como si fueran un paisaje alejado de esa “estética de lo perfecto” a la que nos conmina este mundo en el que imperan la imagen, la inmediatez y la celeridad, siendo difícil encontrar lugares para un silencio en el que poder, como los paisajes, simplemente ser y disfrutar del acontecimiento de nosotros mismos. En esta experiencia del cuerpo que defienden los autores podría decirse que caben lo bueno y lo malo, las luces y las sombras que residen en cada milímetro de la piel, porque las cicatrices pueden esconder la sombra del dolor, pero también la luz de lo genuino. De este modo, en un mundo cada vez más acostumbrado a los mensajes simples y monolíticos, absolutos y de corta mirada, Luis Luna y Laura García de Lucas amplían el foco y nos recuerdan que los matices importan porque somos la expresión conjunta de nuestras luces y nuestras sombras, singulares y únicos en la diversidad.
Para desarrollar todas estas ideas, los autores acudieron a la fotógrafa Ilde Sandrín y a amigos personales suyos que prestaron sus cuerpos como modelos para captar las imágenes que se incluyen en el libro y que acompañan a los textos. Como se indicó en la presentación, se tomaron muchas instantáneas antes de la selección final, y fue importante la labor de las personas retratadas compartiendo sensaciones íntimas y pensamientos sobre sus cuerpos, lo cual conformó una compleja labor de documentación para el trabajo poético.
Por lo tanto, nos encontramos ante un proyecto ambicioso que tiene como resultado un libro que es una obra de arte híbrida en la que la reflexión intelectual adopta la forma de una obra poética que incluye fotografías de detalles de cuerpos desnudos que se muestran con naturalidad y sin ápice de erotismo, tratando de aproximarse a ellos como entidades en sí mismas.
Si bien la portada muestra una preciosa imagen de una espalda arqueada en la que sobresalen unos omóplatos, a lo largo del libro se combinan imágenes que aluden a partes del cuerpo indefinidas, junto con otras más claras. Asimismo, se altera el punto de vista habitual de contemplación, se aumentan los detalles, como la musculatura o las venas, pero siempre –tal y como afirmó la propia Ilde Sandrín- sin la utilización de recursos técnicos que pudiesen transformar esa expresión natural del cuerpo de modo que no se permitiera mostrarlo tal y como es.

Los poetas Luis Luna y Laura García junto a la fotógrafa Ilde Sandrín, acompañados por alumnos de Escuela de Escritores en la presentación de «PAISAJE: CUERPO» en la biblioteca Eugenio Trías

Es muy especial el vínculo de los textos con las imágenes a lo largo de todo el libro. Los poemas hacen trascender las imágenes y las resignifican a la vez que resignifican el cuerpo que se expone, invitando al lector a pensar en el suyo. Entonces el cuerpo puede llegar a convertirse en ese silencio inalcanzable “donde callan los niños”. Pero la relación con las imágenes no termina ahí. Los poemas juegan con ellas, de modo que a veces existe una identificación entre texto e imagen casi directa, en otras ocasiones es la imagen la que sugiere el poema y, finalmente, existen poemas que se identifica no con la imagen sino con lo que esta sugiere.
Los poemas se disponen mediante la alternancia de textos en disposición versal y textos en prosa poética. A lo largo de la lectura, el cuerpo se va identificando cada vez más con ese paisaje que sirve de metáfora principal, hasta confundirse con él, sin olvidar la presencia, a mi juicio, de la idea del tiempo, que también tiene un papel relevante en este libro. De este modo, las referencias a campos semánticos de la naturaleza que sugieren paisajes, que aluden incluso a lo topográfico, van ganando peso –destacando la acertada identificación del cuerpo con los árboles- cimentando la unidad y coherencia del libro y guiando al lector. Esa unión de cuerpo y paisaje lleva a la profundidad del instante: “Todo es este silencio que acontece y devora”; mostrando la presencia de lo inalcanzable, manifestando ese extrañamiento del que hablan los autores.
De un modo muy inteligente, el primer poema acompaña a la imagen que parece ser la de unos pies, y a modo de primera unión entre cuerpo y paisaje, el pie se une a la tierra “para colmar el arco que enraíza / el que trae el llanto / de todos los frutos nuevos”.
Se nos recuerda que el cuerpo nos sostiene y que está expuesto, por eso “la cicatriz se planta y da sus frutos”. También con el cuerpo se apuesta por la esperanza, y seguimos firmes “a la espera del amplio devenir de las flores cuando el agua se alce”.
Además, el cuerpo es el mapa de nosotros mismos, lo que nos define. Alberga los acontecimientos vividos, pero también anuncia un final: “En su pulso dilatan la madera astillada, las vigas que sostienen los tejados (…) Anuncian el escombro”; porque los cuerpos son un camino, nuestro camino.
El hermosísimo poema cuyo verso inicial es “Los asentamientos en el llano” muestra todo lo que en el cuerpo como paisaje puede descubrirse. Lo que el cuerpo regala, y también, cómo el cuerpo es fuente de conocimiento para el otro, ya sea quien mira o quien toca.
Pero el cuerpo también es vehículo del esfuerzo y reflejo del tiempo: “la ondulada senda de la piel y su tránsito”; los “anillos que permiten saber la edad del árbol”.  Todo ello sin olvidarnos de lo que ese oculta: “si se derraman las fuentes / si lo oculto brota / cómo alimentar la belleza y esa perpetua herida”.
“CUERPO: PAISAJE” es un libro inteligente y profundo, ambicioso y perfectamente construido, que invita, a través del cuerpo, a afrontar la realidad, a vivir cada instante, ya sea este “luz azul de escarcha y de silencio” o la sensación que invita a preguntarse “quién tiene el instante justo / del pie descalzo en la hierba / o sobre el cabello y su tacto de verano”.
“CUERPO: PAISAJE” nos invita al diálogo, a uno muy necesario en el que somos nuestro propio acontecimiento.

Cesare Pría


Cesare Pría es alumno de la I Promoción del Máster de Poesía de la Escuela de Escritores. En 2021 ganó el I Concurso de Micropoemas “De poesía por Getafe”. Ha participado en la antología “Haikus desde casa” publicada en Buenos Aires en 2020 por FELACBEJA. En narrativa ha publicado las novelas La indiferencia de los pájaros (Ediciones Atlantis Serie Premium, 2012) y Las manos invisibles (Finalista del II Concurso de novela Leibros, 2017). Además de haber participado en antologías de relatos con distintas editoriales, en 2019 publicó “La leyenda del conde Lazarejo y otros relatos” (Ediciones Atlantis). Uno de los relatos incluidos en este volumen ha sido traducido al polaco. También ha publicado artículos culturales en el Diariocritico de Castilla-La Mancha, y realiza crítica literaria para la revista Veterinarios, del Cuerpo Nacional Veterinario de España. Es autor de dos obras de teatro infantil para un proyecto público de menores en riesgo de exclusión social. Actualmente, también se desempeña como coordinador del consejo editorial de poesía de La Rompedora.


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