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"Nuevas cartas náuticas", de Adalber Salas
"Nuevas cartas náuticas", de Adalber Salas Rompedores
Por Cesare Pría Publicado en Rompedores en 12 mayo, 2022 0 Comentarios 12 min lectura
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«Nuevas cartas náuticas», de Adalber Salas

 

Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987) cuenta con una amplia obra poética en la que se incluyen títulos como Salvoconducto (XXXVI Premio de poesía Arcipreste de Hita, Pre-Textos 2015), La ciencia de las despedidas (Pre-Textos, 2018) o Mínimos (Amargord Ediciones, 2016). Su obra en prosa incluye, entre otros títulos, Clarice Lispector: el lugar de la poesía (Ril Editores, 2019) o Estábamos muertos y podíamos respirar. Paul Celan escritura y desaparición (Huerga y fierro editores, 2017). Asimismo, ha traducido a autores como Marguerite Duras, Antonin Artaud, Charles Wright o Shara McCallum. También es profesor del Máster de Poesía de la Escuela de Escritores.

Hoy converso con él con motivo de la publicación de su último poemario, Nuevas cartas náuticas (Pre-Textos, 2022), una hermosa reflexión literaria sobre el mar, en el que Adalber Salas nos habla de ese mar que en ocasiones es “calma que brilla difusa / iluminada desde ninguna parte”, una “quietud acéfala que pone visiones / en la frente”; sin olvidar “La natural ferocidad del mar, / su recurrencia oscura / su retorno sin recuerdo”; un lugar que alcanza “ese doméstico fin del mundo / que llamamos orilla” en el que, en su inmensidad, “En medio de la madrugada”, la “llama” de los faros es “la única garantía / de que la tierra aún existe”.

Señala Adalber Salas que su vínculo con el mar proviene de la fascinación: “Desde muy temprano: mis más intensos recuerdos de infancia tienen al mar como protagonista. No a mí, curiosamente: en ellos la presencia del mar es avasalladora, mucho más sustancial que la mía. Mucho más real. Desde entonces el mar me ha acompañado, incluso en los lugares que no alcanza. En Banff, bastante lejos de la costa, vi fósiles marinos en la roca de las montañas; en medio de Alemania hallé olas en el movimiento acompasado de las copas de los árboles. Nuevas cartas náuticas da cuenta de esta intimidad y, a la vez, procura responder a esa deuda.”

Nuevas cartas náuticas es un libro que se aproxima al mar en toda su amplitud reflexionando no solo sobre su realidad natural, sino también sobre su relación con el ser humano desde una perspectiva histórica y antropológica. Es un libro que transita por toda la tierra y con el que visitamos tanto la antigüedad como el presente. De este modo, nos encontramos con un noble florentino que de su viaje a América en 1524 nos dice que “En esas costas, cuando hay una tormenta, pueden oírse caballos relinchar” o nos aproximamos al poder del mar como fuente de superstición: “El vuelo de las gaviotas es engañoso: / entregan presagios falsos para luego cebarse en la carne de los / marinos muertos”. Al preguntarle qué le llevó a explorar la historia y la antropología para escribir el libro, Adalber Salas dice: “Pienso en esa frase de Dereck Walcott tan cara a Glissant: Sea is history, el mar es historia. Cuando pensaba y repensaba este libro, me decía que no podía intentar escribirlo sin hacer honor a la multiplicidad impenitente del mar. Esto implicaba acercarme a él desde una perspectiva que no soslayara la antropología, la arqueología, la literatura o la historia y que, a la vez, tampoco desdeñara el detalle. Así pues, me incliné por perseguir hechos señalados, cargados de intensidad estética, rebosantes de sentido, procurando constelarlos, ordenarlos en una secuencia que les brindara un horizonte posible. Me tomó unos buenos cuatro años de lectura obsesiva.”

En efecto, en ese transitar por todas las épocas históricas y todas las culturas, las Nuevas cartas náuticas nos invitan a navegar por todo lo que el mar puede ser, por las visiones de todos los mares. Esto me lleva a preguntarle a Adalber Salas por la labor de documentación para el libro. “Permití que las lecturas mismas me guiaran”, indica, “sugirieran nuevos derroteros (o, para decirlo con el vocabulario más adecuado y sugestivo, nuevas derrotas). Pero también me abrí conscientemente a los azares de las conversaciones sostenidas, de mis viajes y experiencias personales. Nuevas cartas náuticas es un libro hijo del asombro.”

Respecto al trabajo para organizar la estructura de un libro tan diverso señala: “Como he dicho más arriba, permití que el asombro me guiara. No sólo a la hora de documentarme, sino también a la hora de organizar los textos: se llamaban entre sí, digamos. Constituían, por sí mismos, archipiélagos. Claro, la versión original tenía el doble de extensión: ha sido mucho lo descartado. No obstante, no ha sido un proceso de poda traumático, ni mucho menos: Nuevas cartas náuticas se convirtió en el libro «matriz» de otros tres. Su largo proceso de escritura y estructuración permitió desviaciones que terminaron por adquirir independencia. Podría decirse que ha producido un trío de libros-vertientes.”

En Nuevas cartas náuticas destacan las referencias a Ovidio y a sus “Tristes”, como por ejemplo en el maravilloso poema XLIX, “Donde Ovidio sueña con Aracne” y en el que se habla de una araña y “su cuerpo enloquecido / de geometría”. “La poesía de Ovidio”, señala Adalber, “me resulta especialmente cercana. Había leído sus Tristes hace ya años y recordaba cuán importante era el elemento marino allí. Pero, al releerlo, me descubrí conmovido por su exilio e identificado, también, con su propia obsesión marítima. No hay poema en el que no mencione al mar. Así que hice de mis versiones libres de Tristes un espacio donde cabe también un poco de mi propia experiencia biográfica: la voz de un alter ego.”

Vuelvo a pensar en la vocación de inmensidad del libro. Le pregunto a Adalber si es abarcable el mar o solo podemos aspirar a esa sensación tan hermosa a la que alude en el poema LXXXV cuando dice: “el ojo apenas asía / lo que debía ser el mar”. Su respuesta es también muy hermosa: “Diría que apenas podemos aspirar a esa sensación de vastedad, nunca poseerla. Intentar asirla sería domesticarla: procurar el mar y terminar con una pecera. Pero pienso que es así con todo lo que amamos: es inmenso e indomeñable. Y abarcarlo lo destruye.”

Esa inmensidad del mar genera la necesidad del astrolabio, de la brújula magnética, del sextante. Todo ello, tal y como nos dice el maravilloso poema XXXII son “instrumentos para leer algo que nadie ha escrito. / Para traducir algo que no es signo”. Le pregunto si esta traducción de algo que no es signo, ese leer lo que nadie ha escrito es un resumen de la esencia del libro. Adalber me contesta que: “Es uno de esos lugares donde el libro habla de sí mismo, en efecto. De hecho, hay múltiples momentos en Nuevas cartas náuticas donde los textos se refieren a la lectura, a la naturaleza variable de la lengua o incluso al libro como objeto. En todos esos momentos se habla, por extensión, del volumen mismo. Creo que de algún modo ocurre un resumen, como dices. O diría: son fragmentos de una larga reflexión sobre la lectura y la escritura, sobre la capacidad humana para hacer signo de la realidad. Una reflexión submarina, digamos, cuyas regiones visibles son estos poemas.”

Nuevas cartas náuticas contiene temas muy ligados a la obra poética de Adalber Salas, como por ejemplo la preocupación por el lenguaje y lo lingüístico. En este libro Adalber da un paso más y aparecen poemas en otros idiomas e incluso en distintos idiomas que se mezclan en un mismo texto. También pueden leerse poemas donde se juega con la estructura del español, como en el poema XXVII: “Las sus naos son muy malas / y perecen bastante / por ellas no estar clavadas / con aguja de hierro”. Me interesa conocer el papel que juega en el libro el tratamiento del tema del lenguaje y lo que como autor buscaba con recursos tan innovadores: “Me alegra mucho que llames innovadores a estos recursos, porque das en el núcleo del libro: lo innovador. No hay en él, para mí, nada de innovador. Antes bien, he intentado valerme de recursos antiguos, de herramientas ya utilizadas por otros. Sólo he procurado darles un uso enteramente personal. Nada nuevo bajo el sol, salvo el mar: siempre otro, siempre el mismo.

La lengua funciona de una manera similar. La inmensa mayoría de las palabras que utilizamos no nos pertenecen en un primer momento: nos apropiamos de ellas al pronunciarlas o escribirlas. No son nuevas, pero nuestro uso las renueva. De hecho, por eso la traducción ocupa un papel tan importante en Nuevas cartas náuticas. El lenguaje migra, se transforma, tiene sus propias corrientes (con ellas nos arrastra), sus propias pleamar y bajamar. Lo que he escrito pretende ser fiel a este fenómeno. Asumirlo, dejarse guiar por él.”

Algunos de estos poemas en otras lenguas distintas al español los he vivido como una apelación a los valores sonoros de la poesía, le pregunto a Adalber si mi aproximación es correcta: “¡Sin duda! A través de la sonoridad las lenguas se vinculan de modos lúdicos, tremendamente fascinantes. Hay un genio sonoro de la lengua, que nada le debe a el devenir del sentido. Jugar con la materia prima de esa resonancia también ha sido una manera de dejar que la sorpresa dictara las reglas del libro.”

La obra poética de Adalber Salas es muy rica y versátil, y abarca desde la utilización del verso breve en “Mínimos” a servirse de versos largos, poemas en prosa y de elementos narrativos en obras como “Salvoconducto” o “La ciencia de las despedidas”. En Nuevas cartas náuticas parece ganar protagonismo la prosa, e incluso lo narrativo, respecto a libros anteriores. Le pregunto de nuevo si esta aproximación es acertada y cómo ha llegado a ello: “Me parece muy acertado: la prosa ha ganado terreno en este libro. Lo ha inundado, de hecho. En la prosa he encontrado una flexibilidad, una maleabilidad idóneas para dar cauce a toda la curiosidad casi infantil y toda la extrañeza que alimentan este libro. Pero se trata de una prosa descolocada, sin ambiciones señoriales. Una prosa siempre a punto de desbocarse, de derivar en versículo. O directamente en verso: en más de una ocasión he preferido escribir versos, incluso versos muy cortos, porque el asunto así lo ha requerido.”

Finalmente, le pregunto a Adalber qué significa Nuevas cartas náuticas para él, su lugar en el conjunto de su obra: “Es una confesión. Es el libro donde he dado cuenta de modo más fiel cómo imagino, cómo asocio ideas: cómo pienso y experimento cuanto leo y cuanto vivo. De un modo oblicuo pero fiel, es mi libro más autobiográfico.”

Nuevas cartas náuticas ha sido publicada por Pre-Textos, en su colección La cruz del sur.

 

Cesare Pría


Cesare Pría es alumno de la I Promoción del Máster de Poesía de la Escuela de Escritores. En 2021 ganó el I Concurso de Micropoemas “De poesía por Getafe”. Ha participado en la antología “Haikus desde casa” publicada en Buenos Aires en 2020 por FELACBEJA. En narrativa ha publicado las novelas La indiferencia de los pájaros (Ediciones Atlantis Serie Premium, 2012) y Las manos invisibles (Finalista del II Concurso de novela Leibros, 2017). Además de haber participado en antologías de relatos con distintas editoriales, en 2019 publicó “La leyenda del conde Lazarejo y otros relatos” (Ediciones Atlantis). Uno de los relatos incluidos en este volumen ha sido traducido al polaco. También ha publicado artículos culturales en el Diariocritico de Castilla-La Mancha, y realiza crítica literaria para la revista Veterinarios, del Cuerpo Nacional Veterinario de España. Es autor de dos obras de teatro infantil para un proyecto público de menores en riesgo de exclusión social. Actualmente, también se desempeña como coordinador del consejo editorial de poesía de La Rompedora.


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