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Entrevista a Jesús Barrero
«Quiero hablar de lo que Freud llamaba "Unheimlich", lo siniestro, pero en el sentido de la irrupción de lo extraño, amenazante y perturbador en lo cotidiano y de cómo se impregna en nuestras vidas.» Jesús Barrero Entrevistas
Por Noelia Pereyra Publicado en Entrevistas en 24 abril, 2026 0 Comentarios 8 min lectura
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Entrevista a Jesús Barrero

 

 

En Abismos cercanos, Jesús Barrero construye un universo narrativo donde lo familiar y lo inquietante conviven con naturalidad. Sus cuentos, de prosa cuidada y atmósferas contenidas, exploran ese territorio que Freud llamaba Unheimlich: la irrupción de lo extraño y perturbador en lo cotidiano, el momento preciso en que la rutina se agrieta y deja ver algo más.

En esta conversación con Noelia Pereyra, Barrero nos habla del origen de sus relatos, de sus influencias (de Kafka y Javier Tomeo a John Fante o Lucia Berlin), del papel del silencio y de la ambigüedad en su escritura, y del placer de corregir hasta que cada palabra ocupa su lugar exacto. Una charla que nos acerca a su cocina literaria y a la mirada que convierte los abismos cotidianos en materia de ficción.

 

Abismos cercanos es un título muy sugerente. ¿Recuerdas en qué momento supiste que ese sería el nombre del libro?

El título lo elegí en referencia a uno de los relatos del libro, Abismo, en el que una persona se parte en dos y la casa en la que vive se parte en dos también y se crea un abismo en el medio. Ninguna de las mitades se atreve a saltar al otro lado y cada día dialogan sobre su existencia, sobre los recuerdos y aquello que les falta.

El concepto del abismo implica precipicio, inmensidad, caída, pero también lleva consigo lo incomprensible, lo insondable, incluso se asocia al infierno.  Me parece un título adecuado para el libro porque la mayoría de los relatos hablan de esos misterios que nos acontecen, esos abismos cotidianos a los que nos enfrentamos.

¿Qué te impulsó a escribir estos relatos? ¿Fue una necesidad personal, una inquietud literaria o ambas cosas?

Mi intención es tratar de hablar de temas existenciales desde un lado accesible, cercano. Y retratar lo familiar desconocido, lo que Freud llamaba Unheimlich, que se podría traducir como lo «siniestro», pero en el sentido de la irrupción de lo extraño, amenazante y perturbador en lo cotidiano y de cómo se impregna en nuestras vidas.

En tus relatos lo cotidiano desemboca en lo extraño¿Cómo trabajas esa transición entre lo normal y lo extraño sin caer en lo fantástico?

Siempre me ha atraído ese lado extraño, bizarro, todo aquello que es peculiar de las personas y los acontecimientos y se sale de lo convencional. Pero lo utilizo para hablar de situaciones cotidianas. No me interesa lo extraño o lo surrealista en sí, llevado al extremo y sin que se entienda, sino como un elemento simbólico que permita reflexionar sobre la realidad.

¿De dónde suelen surgir tus historias: de imágenes, de recuerdos, ¿de ideas sueltas?

Sí, muchas veces surgen de una imagen, de una frase, de algo que he leído y me ha impresionado, de alguna noticia. Es algo que tiene repercusión en mí, que me impacta o me parece sugerente, que me aporta otra mirada. A partir de ahí exploro una situación o un personaje y veo por dónde puede ir la historia.

¿Qué autores han influido en tu forma de narrar y por qué?

Todo lo que es extraño, absurdo, con atmósferas inquietantes y oníricas me atrae mucho. Por eso autores como Kafka, Javier Tomeo, Samanta Schweblin o Felisberto Hernández tienen influencia en muchos de mis relatos. También me encanta la narrativa norteamericana, escritores más realistas y que retratan la vida del hombre común, a veces mediocre, a veces perdedor, como John Fante, Richard Ford, Cheever o Lucia Berlin.

¿Hay algún relato del libro que sienta especialmente cercano, aunque no sea autobiográfico?

No me baso en experiencias autobiográficas a la hora de los temas de las historias, de los argumentos, aunque luego cada relato refleje algunas de mis obsesiones. Los peces dormidos, que es el relato más largo del libro, es uno de los que más me gustan, pues es una especie de distopía en la que una ciudad queda sumergida en el mar y los habitantes se quedan encerrados viendo el mar desde la ventana de su casa. El relato se presta mucho a jugar con lo onírico y a reflexionar sobre lo que hay de real y de imaginario en nuestra vidas.

¿Qué emociones te interesa provocar en el lector?

Me gustaría que el lector se inquiete, se perturbe, que el relato no le deje indiferente y sienta cierta incomodidad. Y que ello mueva algo dentro de él que le invite a reflexionar sobre el texto y sobre sí mismo y sus relaciones con los demás.

¿Cómo es tu relación con los personajes una vez que terminas de escribir un relato? ¿Te es fácil dejarlos atrás para construir uno nuevo?

Cuando estoy trabajando el relato los personajes conviven conmigo a todas horas, luego, una vez terminado, me olvido y quedan ahí como un recuerdo. Me resulta sencillo desprenderme de ellos porque enseguida aparecen otras historias y nuevos personajes que me hacen dejar atrás los anteriores.

¿Qué papel juega el silencio, lo no dicho o lo ambiguo en tu forma de narrar?

Juega un papel muy importante porque en el relato lo que no se dice, lo que el lector aporta es muy importante y me gusta crear esa ambigüedad, también a través de símbolos, y que sea el lector el que resignifique los hechos. Eso hace que el texto se pueda ver desde diferentes interpretaciones, y que pueda tener más capas y más profundidad de significado, aunque implica un esfuerzo por parte de quien lo lee.

Pero trato de que mis textos sean sencillos desde el punto de vista del lenguaje y la trama, y que creen sensaciones lo suficientemente potentes para crear un impacto, aunque no se entiendan del todo algunos aspectos de la historia. No quiero adoctrinar ni expresar una opinión sobre lo que es bueno y lo que no, prefiero que el lector pueda asimilar el texto como propio y hacer su interpretación personal.

Como lector, ¿qué tipo de historias te atraen más y cómo dialogan con tu propia escritura?

Hay diversos temas que me interesan pero, como a todos, me gustan las buenas historias. Aunque me atraiga lo extraño, lo absurdo, lo onírico,  me interesan las historias reales, cotidianas, y dentro de ellas siento debilidad por algunos personajes marginales, outsiders, y por ambientes de atmósferas densas y violentas, como los que pululan por las historias de Denis Johnson, Cormac McCarthy o Flannery 0′ Connor.

¿Qué fue lo más difícil de escribir Abismos cercanos y qué fue lo más gratificante?

Me resultó difícil hacer la selección, porque tenía unos veinte relatos que podían entrar. Y luego, una vez escogidos, establecer el orden dentro del libro, porque la idea es que haya un hilo conductor y que se relacionen entre ellos.

Lo más gratificante es escribirlos. Cada vez que escribes un relato creas un mundo nuevo y a mí esa fase me apasiona y disfruto añadiendo la carga simbólica y metafórica que permite focalizar el significado de la historia.

La otra parte que me encanta es la de la corrección, cuando pienso cada palabra, su sonoridad, la precisión del lenguaje, hasta conseguir que todo suene como me gusta. Lleva mucho tiempo pero es muy satisfactorio.

¿Qué te gustaría que un lector recordara del libro tiempo después de haberlo leído?

Que recordase atmósferas, sensaciones, imágenes o personajes. Creo que en general es lo que queda de las novelas y relatos que leemos. Nadie se acuerda exactamente del final de la Metamorfosis de Kafka pero todo el mundo recuerda la impresión y la angustia que le produjo la historia.

¿En qué estás trabajando ahora o qué caminos literarios te gustaría explorar a futuro?

Tengo en mente la idea de una novela y al tiempo continúo haciendo relatos, pues es un formato que me parece muy atractivo porque en pocas páginas se concentra mucho significado.

 



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